ATRÉVETE A BUSCAR

Los que piensan que Dios no existe, realmente no tienen buenas razones para su incredulidad. Simplemente han aprendido a repetirse, “¡No hay buena evidencia para la existencia de Dios!"
Humildemente, les diría: No sé si eres budista, musulmán, cristiano, judío, si crees en los marcianos o eres miembro de la orden del jedi  o discípulo del maestro yoda, los de la Guerra de las Galaxias, o eres de los que piensas que la religión es un timo y más vale que no te la peguen con sus dogmas absurdos ni su moral reprimida, y por eso solo crees en aquello que ves y que puede ser demostrado por la ciencia, o quizás pasas de las cuestiones religiosas e intentas ser feliz sin agobiarte con preguntas difíciles de responder. En cualquier caso, de lo que estoy seguro es que en algún momento de tu vida, estando solo o con amigos, de día o de noche, sobrio o hasta arriba de pelotazos, te has preguntado: ¿existe Dios?
Todas las personas creen en algo, también las que no creen en Dios creen que Dios no existe. La existencia de Dios no se puede demostrar de un modo científico, pero tampoco se puede demostrar su inexistencia, porque a Dios no se le puede meter en un tubo de ensayo, ni para decir que ahí está, ni para decir que ahí no está. Por eso, en que se basan científicos prestigiosos y competentes para afirmar de forma tan categórica que Dios no existe, sin haberlo demostrado empíricamente. Hay otros científicos, en cambio, que no ven ningún tipo de contradicción entre sus investigaciones científicas y su creencia en Dios.
Tres revoluciones copernicanas  se dan, al menos, en la ciencia moderna. La primera, como es lógico, protagonizada por el propio Copérnico. La segunda, por Mendel y su descubrimiento de las leyes genéticas. Una tercera, por Georges Lemaître, cuando formula la teoría del Big Ben en 1927. ¿Te sorprende si te digo que los tres eran sacerdotes católicos?  Lo mismo se puede decir del director del genoma humano Francis Collins, que se declara científico y creyente. Estos científicos creyentes y otros muchos saben que la ciencia aunque puede acercar a Dios, no puede demostrar definitivamente la existencia o inexistencia de Dios. Te imaginas a un científico buscando a Dios con su microscopio. Y es que hay realidades que no podemos percibir con ninguno de nuestros cinco sentidos, ni podemos atraparlas para poder demostrar su existencia empíricamente, como por ejemplo Dios o el amor. Te imaginas a un chico enamorado haciendo una radiografía a su novia para verificar que ella está de verdad enamorada de él. Es algo absolutamente imposible.
Quizás te hayas preguntado si esto será siempre así, o si algún día la ciencia llegará a demostrar la existencia o inexistencia de Dios. Tiene su lógica la pregunta, porque el conocimiento humano no ha parado nunca de avanzar. De hecho puede que algún día descubramos si hay vida alienígena o la cura contra el cáncer. Sin embargo, lo que nunca podremos demostrar empíricamente es la existencia o inexistencia de Dios, porque la ciencia investiga las cosas que se pueden manipular con aparatos de medición.
El cristianismo no es contrario a las ciencias, es más anima incesantemente a seguir investigando y explorando todas las interacciones de la realidad más allá de las estrellas y de la última frontera de los tiempos. ¿Y sabes por qué?, porque la poca ciencia aleja de Dios, pero la mucha acerca verdaderamente a Dios. Un ejemplo, el Observatorio Astronómico del Vaticano, que es el que lleva más siglos funcionando.
La ciencia puede acercarnos a Dios, aunque nunca puede demostrar empíricamente su existencia. Pero, ¿es la ciencia la única manera de acercarse a Dios? La respuesta es, no. En el fondo último de ti y en las diferentes ocasiones de la vida puedes encontrarlo. Aléjate de cualquier ruido y atrévete a mirar en tu interior. En silencio, piensa por un minuto en la posibilidad de la existencia de Dios. Atrévete a buscar.

EMILIO MONTERO HERRERO

REFLEXIÓN DE LA NAVIDAD

Esta Navidad, particularmente amenazados por dificultades de todo orden, es una gran oportunidad para reflexionar sobre los valores que acompañaron el Nacimiento del Señor. Para darnos cuenta que  Dios nació pobre y humilde en la oscuridad y silencio de la noche, con la adoración de sus padres, María y José,  y de sus humildes acompañantes: pastores, campesinos y artesanos, que nos invitan, especialmente en estos tiempos de crisis, a que seamos más solidarios y compartamos con los demás.
Si nos fijamos con cuidado en el Nacimiento, apreciaremos que una de las características que sobresale en él es la pobreza, que nos hace pensar que no debe ser tan mala como nos la pinta el materialismo actual, pues sería el mayor de los absurdos que Dios eligiera para su Hijo nacer no en un palacio, sino en una cueva; no en una gran ciudad, sino en una aldea perdida de Palestina; no en una buena cuna, sino en un pesebre de bestias.
Ese Niño, trabajó pobre durante muchos años. Fue siempre pobre hasta su trágico final. Él dirá sobre sí mismo que "no tiene donde reclinar su cabeza" (Mateo 8,20). Sin embargo, ha sido el hombre más importante de todos los tiempos. Quizás por eso deberíamos pensar que no hemos sabido interpretar el verdadero sentido de lo que significa la pobreza cristiana, la más importante de las pobrezas, la del espíritu.
La virtud de esta pobreza no es miseria e indigencia, ni hambre y suciedad, ni dejadez e ignorancia. Es verdadero pobre, el rico o pobre que no se apega desmesuradamente a las cosas de la tierra, el que es sobrio, el que utiliza bien sus muchos o pocos talentos y recursos que Dios le ha dado, el que usa los bienes materiales con moderación, como un medio de servir a los suyos y a los demás. Se trata de entender lo que es la verdadera pobreza cristiana, en la que puede haber pobres tremendamente ricos, y ricos tremendamente pobres.
Este año, tenemos de nuevo la oportunidad de entrar en los verdaderos valores del Nacimiento. De vivir estas Navidades como una vuelta a la niñez perdida. De recordar que Dios mismo, en persona, nació en un niño desvalido envuelto por la ternura de una madre. De celebrar la cercanía de Dios en la noche, en el desamparo, en la pobreza y la humildad, en un portal de Belén donde reunirnos todos.

EMILIO MONTERO HERRERO

 

LA FELICIDAD ESTÁ EN LAS PEQUEÑAS COSAS

La felicidad es una opcional personal a la que todo el mundo aspiramos. Seguramente, alguna vez habrás reflexionado: Si ser feliz es una opción ¿por qué es tan difícil serlo? Ciertamente, resulta paradójico que en una cultura obsesionada con el placer y el individualismo, cueste tanto disfrutar de una felicidad estable y duradera. A estas alturas, nuestra civilización tendría ya que haber descubierto esa piedra filosofal que nos permitiera avanzar. Yo creo que en gran medida se debe a nuestra incapacidad para comprender que la felicidad no está “allá afuera” en algún lugar, sino dentro de nosotros mismos. Todo lo que pretendamos que desde fuera nos llene está abocado al fracaso. Mucho más fácil es alcanzar una felicidad en pequeñas dosis, la que vulgarmente conocemos como “sentirse a gusto”, aunque sea por tan sólo un breve instante. Es esa grata sensación de tranquilidad casi siempre asociada a una experiencia física, como la caricia del sol que nos hará entornar los ojos, el calorcillo que un día helador nos reconforta el cuerpo, el dulce abandono de un momento de paz y de silencio tras una jornada de trabajo o la cercanía del amigo. Pero, para sentirse a gusto ¿es suficiente una sensación corporal, cuando –como suele con frecuencia ocurrir– una realidad preocupante o angustiosa nos tiene el ánimo alterado o en suspenso? Porque en tales circunstancias, ¿cómo puede uno “sentirse a gusto”, aunque sea por poco tiempo? La respuesta es que siempre –en medio de la tristeza, incluso– podremos encontrar cierto respiro. Como también, podremos casi siempre hallar algún atisbo de esperanza. Puede ser, por ejemplo, la sensación real o acariciada de que las cosas van algo mejor. O de que, simplemente, no empeoran. O de que la vida nos va sacando, poco a poco, del pozo en que caímos. Es decir, tomarse las cosas con deportividad. Buena táctica para no exagerar los problemas y plantearse si lo que nos ha ocurrido tendrá en realidad alguna importancia dentro de algún tiempo, porque, aunque no siempre podamos cambiar el rumbo de las cosas, siempre podemos adoptar ante ellas la mejor actitud. Yo admiro a quienes, para “sentirse a gusto”, aunque sea sólo de vez en cuando, no necesitan un yate de equis metros de eslora, ni hacer un crucero por el Mediterráneo, ni viajar a Cancún, ni contar con una robusta cuenta en el banco, ni ser admirados por nadie, ni tener unos hijos que son una lumbrera, ni exhibir su riqueza a los amigos, ni tener una envidiable salud de hierro, ni llegar con tranquilidad a fin de mes. Yo admiro a quienes viven con un nivel de salud precario, o cargan con una pena sin remedio, o temen al futuro, o carecen de lo que hoy se tiene por indispensable, y aun así saben buscar refugio en las pequeñas cosas. Son aquellos que desarrollaron el arte de saber sacar partido de un momento robado a su tristeza o su dolor, o incluso a su angustia; esos hombres sencillos que se resignan pero luchan por sobrevivir, que no ambicionan, que perdonan, que no se miran el ombligo, que siguen pensando, a pesar de todo, en los demás. En términos humanos, más acá de la esperanza salvadora, el bienestar que alcanza esta gente que describo es algo así como la felicidad del pobre, pero no menor, seguramente, ni de menor calidad que la de aquéllos a quienes la vida sonríe plenamente. Es el bienestar de quienes se contentan con sentarse en un banco para pasar el tiempo, o con un buen plato de cocido, o con una ducha de agua bien caliente, o con unas sábanas limpias en la cama. Los que, a pesar de todo, son capaces de degustar la vida en el abrazo de una sombra amiga o de un rayo de sol sobre los párpados. Los que son capaces de encontrar la felicidad en las pequeñas cosas.

EMILIO MONTERO HERRERO

LA NAVIDAD

"La Navidad suele ser una fiesta ruidosa: nos vendria bien un poco de silencio, para oir la voz del Amor."
Navidad eres tú, cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma. El pino de Navidad eres tú, cuando resistes vigoroso a los vientos y dificultades de la vida. Los adornos de Navidad eres tú, cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida. La campana de Navidad eres tú, cuando llamas, congregas y buscas unir. Eres también luz de Navidad, cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la bondad, la paciencia, alegría y la generosidad. Los ángeles de Navidad eres tú, cuando cantas al mundo un mensaje de paz, de justicia y de amor. La estrella de Navidad eres tú, cuando conduces a alguien al encuentro con el Señor. Eres también los reyes Magos, cuando das lo mejor que tienes sin importar a quien. La música de Navidad eres tú cuando conquistas la armonía dentro de ti. El regalo de Navidad eres tú, cuando eres de verdad amigo y hermano de todo ser humano. La tarjeta de Navidad eres tú, cuando la bondad está escrita en tus manos. La felicitación de Navidad eres tú, cuando perdonas y reestableces la paz, aun cuando sufras. La cena de Navidad eres tú, cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está a tu lado. Tú eres, sí, la noche de Navidad, cuando humilde y consciente, recibes en el silencio de la noche al Salvador del mundo sin ruidos ni grandes celebraciones; tú eres sonrisa  de confianza y de ternura, en la paz interior de una Navidad perenne que establece el Reino dentro de ti. Una muy Feliz Navidad para todos los que se parecen a la Navidad.

Papa Francisco

EL DOMINIO PROPIO

Si un hombre se siente forzado a hacer algo contrario a su propio bien, se le puede llamar esclavo. Esclavo de lo que le empuja a obrar mal dañándose a sí mismo.
A nuestro alrededor hay cosas agradables, y podemos disfrutar con ellas. Sin embargo, debe haber moderación. Si los placeres escapan de nuestro control, se vuelven dominadores.
O el hombre controla la comida, o la comida domina al hombre, O el hombre modera el sexo, o el sexo lo esclaviza. O el hombre controla el juego, o el juego le domina… Y así todas las apetencias. Los placeres gustan y es normal desear repetirlos. Si no hay control que los modere, empieza la esclavitud.
La primera solución es adquirir el hábito de controlar los propios gustos. Esta costumbre del dominio propio es una cualidad que suele llamarse templanza, o sobriedad en sentido amplio.
“La templanza es la virtud que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados” (Catecismo, 1809). Proporciona al hombre un señorío sobre las cosas, sobre sus deseos y acciones.
El ejercicio consiste en moderar gustos y apetencias. Cuando uno observa que algo le domina, puede reaccionar: empieza a controlarse en ese terreno, y con las sucesivas victorias adquiere el señorío deseado.
Sin embargo, a veces la esclavitud está bastante arraigada, y no es sencillo obtener victorias. En estos casos irá bien el auxilio del cielo. En la oración y los sacramentos recibimos una serie de gracias que nos fortalecen por dentro. En especial, conviene mencionar la confesión.
El sacramento de la confesión es un remedio adecuado, pues perdona los pecados y contribuye a reparar la inclinación equivocada a la voluntad. La confesión refuerza al hombre por dentro y es medicina liberadora.

Emilio Montero Herrero

LA SECESIÓN DE CATALUÑA

La independencia de Cataluña es una cuestión que divide a los catalanes y que inquieta al resto de España. Sobre este asunto, la Doctrina de la Iglesia, como en numerosas ocasiones ha recordado la Conferencia Episcopal Española y la Santa Sede, no ampara la secesión sino la libertad de los pueblos. Cataluña no está sometida ni ha sido invadida por nadie.
El Papa Francisco dijo que “la secesión de una nación sin un antecedente de unidad forzosa hay que tomarla con muchas pinzas y analizarla caso por caso”.
La Conferencia Episcopal española afirmaba en 2012: “Ninguno de los pueblos o regiones que forman parte del Estado español podría entenderse, tal y como es hoy, si no hubiera formado parte de la larga historia de unidad cultural y política de esa antigua nación que es España. Propuestas políticas encaminadas a la desintegración unilateral de esta unidad nos causan una gran inquietud. Por el contrario, exhortamos encarecidamente al diálogo entre todos los interlocutores políticos y sociales. Se debe preservar el bien de la unidad, al mismo tiempo que el de la rica diversidad de los pueblos de España”.
Por último, San Juan Pablo II dijo en 1994 a los católicos italianos: “…se trata de la herencia de la unidad, que, incluso más allá de su específica configuración política, consolidada a lo largo del siglo XIX, se halla profundamente arraigada en la conciencia de los italianos que, en virtud de la lengua, de las vicisitudes históricas y de la misma fe y la misma cultura, siempre se han sentido miembros de un único pueblo. Esta unidad no se mide por años, sino por largos siglos de historia… Me refiero especialmente a las tendencias corporativas y a los peligros de separatismo que, al parecer, están surgiendo en el país. A decir verdad, en Italia, desde hace mucho tiempo, existe cierta tensión entre el Norte, más bien rico, y el Sur, más pobre. Pero hoy en día esta tensión resulta más aguda. Sin embargo, es preciso superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros de separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada”.

Emilio Montero Herrero

LOS LIBROS PUBLICADOS SOBRE EL VATICANO

Como saben, acaban de salir a la luz dos libros sobre supuestas corrupciones del Vaticano. Unos textos basados, al parecer, en filtraciones internas que están generando una gran confusión.
El Papa fue grabado sin su conocimiento en conversaciones reservadas que ahora aparecen transcritas en uno de los dos libros que se acaban de presentar.  Las detenciones de monseñor Lucio Ángel Vallejo Balda, español, secretario de la Prefectura para Asuntos Económicos, y de Francesca Chaouqui, laica, italiana, publicista de profesión, contratada como consultora externa de la COSEA, la comisión a la que el Papa encargó en 2013 un dictamen para la reforma de las finanzas de la Santa Sede, están relacionadas con la filtración de documentos reservados a los autores de ambos libros.
En el libro Via Crucis, de Gianluigi Nuzzi, se recogen transcripciones en las que el Santo Padre reconoce su escándalo por los fraudes y las malas prácticas en la administración económico-financiera del Vaticano. “Si no sabemos custodiar el dinero, que se ve, ¿cómo cuidaremos las almas de los fieles, que no se ven?”, dice Francisco en una reunión a mediados de 2013 con otros miembros de la Curia, que fue grabada ilegalmente con un teléfono móvil. El adelanto de estas transcripciones muestra a un Pontífice perplejo, superado por la corrupción con la que se encuentra en sus primeros meses como Papa. “Sin exagerar, podemos decir que buena parte de los gastos está fuera de control. Hay fraude, ¿no?”, llega a decir en una de las grabaciones, de 16 minutos de duración.
El otro libro es Avaricia, de Emiliano Fittipaldi, periodista del semanario L’Espresso. No contiene “nada personal ni grabaciones ilegales” de conversaciones del Papa. Sus fuentes materiales parecen ser los documentos reservados por cuya filtración están bajo sospecha monseñor Vallejo y la señora Chaouqui. El libro quiere ser una “fotografía de un momento en el que el Papa está comprobando las resistencias del vicio capital de la avaricia que ha crecido en la misma Iglesia”
Que el Papa esté luchando a brazo partido contra la corrupción es una buena noticia para la Iglesia. Que esté indignado, perplejo, incluso superado por lo que ve a su alrededor, me parece de lo más normal: es un sacerdote, no superman. Que lo graben a sus espaldas es un escándalo mayúsculo, que hace que se entienda un poco mejor el cansancio de Benedicto XVI en su histórica renuncia al papado.
No son momentos fáciles para el Papa, que se siente traicionado por la confianza depositada. Hace unos días un diario difundió la patraña de un tumor, que fue desmentido por el médico que supuestamente le atendió. Y ahora llegan las grabaciones que le hicieron al Papa sin su autorización y que aparentemente reflejan gastos sin control, fraudes, etc. La conclusión de  algunas personas entendidas en la materia es que existen presiones para frenar las reformas emprendidas. Si recordamos, el pasado mes de marzo el Papa reconocía que las reformas iban lentas por las inercias y los frenos internos.
Seguramente, el Papa no está pasando por momentos agradables. En todos sus discursos pide que recemos por él. Eso es lo que debemos hacer los creyentes y mostrarle nuestro apoyo.
También los no católicos deberían respaldarle A todos nos interesa que las reformas emprendidas en la Iglesia continúen.
Pidámosle al Papa que siga guiando la Iglesia con integridad y astucia, por el camino de las reformas emprendidas, sin miedo a quienes pretenden sembrar confusión y desaliento.

Emilio Montero Herrero

PEDAGOGÍA NO IDEOLOGÍA

Desde hace ya tiempo, se debate sobre la conveniencia o no de la educación diferenciada. En lo concerniente a este asunto, opino, ante todo, que la educación diferenciada no debe entenderse  como una regresión al pasado ni un pulso a la coeducación, como algunos pretenden, sino, simplemente, como una opción, porque los niños y las niñas tienen distintas formas de aprender. De esta manera,  la educación diferenciada debería quedar fuera del debate político y basarse en los resultados educativos. Y es que esas diferencias en el aprendizaje tendrían que ser tenidas en cuenta incluso en la escuela mixta, para poder atender las peculiares necesidades de cada uno de los sexos.
Según el informe PISA las chicas obtienen mejores notas en materias como comprensión lectora y los chicos en matemáticas. Se han estudiado estos datos y se ha comprobado que los jóvenes de ambos sexos son capaces de llegar a los mismos conocimientos, lo que ocurre es que la forma en la que aprenden es diferente y es preciso educar de forma diferente.
Cuando se imparten  las clases de matemáticas y lectura adaptándolas a las particularidades de cada sexo, bien sea en colegios mixtos con clases diferenciadas o en colegios diferenciados, los resultados son mejores, con lo que se consigue que la capacidad de motivación de los jóvenes aumente a medida que avanzan los cursos y las cifras de abandono escolar disminuyen en la misma proporción. Por tanto, tener en cuenta el sexo a la hora de educar es algo positivo y no una discriminación. Obviamente, este tipo de enseñanza supone un desafío para los profesores, que tienen que aprender cómo se pueden optimizar las potencialidades de los alumnos a partir del conocimiento de las peculiaridades de cada sexo.  Otra razón  importante a tener en cuenta,  es el respeto a la pluralidad, al ofrecer  a los padres la posibilidad de elegir esta opción. Y es que en democracia  si una parte de la población solicita un modo de educar diferente, el sistema debe proveer los medios para satisfacer esa demanda.

Emilio Montero Herrero

AMOR HUMANO

En 2011, 118.359 mujeres interrumpieron su embarazo en España, un 4,7% más que el año anterior, lo que muestra que el mal no está exclusivamente en la mayor o menor permisividad legislativa. El asunto es mucho más profundo.Quizá sea porque en  la España actual existe una tendencia muy marcada a trivializar el sexo, lo que puede ser el primer paso para iniciar un mal camino. Y es que restarle importancia a la unión sexual de hombre y mujer es deshumanizar un acto que tiene gran trascendencia en la evolución del ser humano y para la vida de la especie.
Los seres humanos somos cuerpo y espíritu, y en todos nuestros actos deben intervenir ambos.
La relación amorosa debe ser completa, física y psíquica. Aquel o aquella que ven en la pareja un simple objeto de placer, no ha madurado psíquicamente. El amor humano, que según Marañón tardó milenios en manifestarse es, sobre todo, producto del espíritu. Y él nos dice en su libro “Vida e Historia”, refiriéndose al primer instante de la aparición de ese sentimiento: “En este día, en verdad, fue cuando Dios creó la especie del hombre sobre el planeta”.
Nuestra madurez física se produce con anticipación a la madurez intelectual, que tiene un proceso más lento. El deseo se anticipa mucho al amor. Por eso, abandonar a los adolescentes a su libre instinto, sin una adecuada educación amorosa, que no es simplemente  educación sexual, es como meterlos en un campo de minas con los ojos vendados. Es necesario educar su voluntad,  ayudarles en el terreno de la fortaleza. En una sociedad en la que a la sexualidad que llega no se le da más solución que el desahogo, eso sí con “sexo seguro” o “arreglos” posteriores, el adolescente necesita mucha fortaleza y los padres mucho sentido de la anticipación, unido a la sinceridad, confianza y cariño.
El amor es grandeza y servidumbre. Es desear el mayor bien para el ser amado. Anteponer la felicidad ajena a la propia y estar dispuesto a sacrificarse por ella. Si todos cuantos inician un encuentro sexual sintieran así habría menos embarazos indeseados y menos seres humanos aniquilados antes de ver la luz.

Emilio Montero Herrero

CONTRARRESTAR LA POBREZA DE LOS MODELOS ACTUALES

El estado actual de España es el resultado del estado mental de cada individuo que lo forma. Pues bien, en un momento donde se nos habla por todas partes de la crisis económica, de la corrupción y de los graves problemas bancarios, financieros, empresariales y  laborales que venimos sufriendo, poco se dice sobre el dato clave de que el origen de dicha crisis en realidad es espiritual. Es interno, pero reflejado externamente por la falta de sentido común, ético y moral.
La causa de todos los problemas de la humanidad, desde que el hombre es hombre hasta la actualidad, se deben al alejamiento cada vez mayor del hombre con su auténtica realidad interior, ignorando así el verdadero sentido de su propia vida para la que ha sido concebido.
Si a esto le sumamos la falta de principios y de valores morales y espirituales, es lógico comprender todas las crisis que se vienen viviendo desde el comienzo de la historia y el cenagal ético en el que vivimos actualmente en España.
Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro. Reconocer que el principal problema de España es que nos hemos convertido en un país mediocre. Hemos creado una cultura en la que los mediocres llegan a alcanzar los puestos más altos y son los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación.
Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de ciento treinta y cuatro minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las ciento cincuenta mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir. Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro y que pone en libertad terroristas. Mediocre es un país que ha arrinconando la excelencia.
¿Se pueden  formar jóvenes con grandeza viendo esa televisión donde las bragas fáciles, los culos flojos y las lenguas traidoras y chivatas son presentados como modelos y cobran 60.000 euros al mes, más que treinta investigadores juntos, o donde se permite que en la final de la copa de futbol de España, ante millones de españoles, muchos de ellos niños y jóvenes, se pite vergonzosamente al himno nacional en presencia del rey.
¿Puede germinar  la brillantez, si nuestros ciudadanos se informan cada día en telediarios donde los saqueadores y los corruptos se exhiben tras los focos y las cámaras?
España, aunque parezca increíble,  ha tenido muchísimos grandes personajes: Juan de Austria, Cabeza de Vaca, Manuel López de Legazpi, Orellana, Miguel Servet, García de Paredes, María Pita, Junípero Serra, Sancho Dávila, Alejandro Farnesio, Lope de Figueroa, Teresa de Jesús…
¿Que ha pasado en España para que ahora, en lugar de esta gente tan brillante tengamos que compartir vida y nacionalidad con tanto tipejo y tipeja?
España necesita una dosis masiva de grandeza. Yo haría que nuestros niños se durmieran leyendo un libro, nunca viendo la televisión, porque el libro genera libertad, engrandece la mente y ayuda a comprender y a dominar el mundo. En las escuelas tendríamos como libro de texto para niños y jóvenes un tomo de biografías de españoles santos, valientes, ilustres, heroicos y armados de nobleza, en lugar de esos mediocres manuales de la LOGSE y del laicismo "progre". Su ejemplo serviría para contrarrestar la vulgaridad y la pobreza de los modelos actuales, esos que penetran en nuestras mentes a través de la televisión.
Cualquiera que lea esas biografías es más que probable que sienta como sus venas se llenan de amor por la patria común, de deseos de servir a los demás, de orgullo de ser español y de ganas de luchar por un mundo mejor.

Emilio Montero Herrero

LA VIRGEN DEL PERPETUO SOCORRO

El icono de nuestra Señora del Perpetuo Socorro figura entre las representaciones más populares de la Virgen María. Son millones de personas las que hacen oración ante esta imagen, absortos en la mirada con que Ella “habla” a sus devotos. Un icono es una representación devota de pincel o de relieve, usada en las iglesias orientales. En particular se aplica a las tablas pintadas con técnica bizantina, llamadas en Castilla, en el siglo XV, “tablas de Grecia”.
El Icono de Nª.Sª. del Perpetuo Socorro es más que una representación de la Virgen María mostrando a Jesús Niño a todos los hombres. Cada detalle de este icono es un símbolo por medio del cual, su autor quiere comunicarnos un mensaje. El Arcángel San Miguel lleva en sus manos un vaso del que salen una caña con una esponja y una lanza. Nos recuerda el vinagre que le dieron a beber a Jesús y la lanzada con que le abrieron el costado en la cruz. El Arcángel San Gabriel muestra una cruz de tres travesaños horizontales y los clavos de la pasión. Cubre sus manos con un velo y su actitud es de adoración y ofrenda. La sombra de la Pasión comienza ya a ser alargada; es el presagio de Getsemaní y del Calvario. Jesús mira al Arcángel San Gabriel. Contempla la visión de su Pasión y se siente sobrecogido: sabe que todo esto le atañe a Él mismo.
A los ojos de la Virgen asoma un rayo de tristeza que anuncia la visión de la Pasión. Recuerda las palabras del anciano Simeón: “Una espada atravesará tu alma”. María siente en sí misma las imágenes de la Pasión y participa en el dolor de su Hijo y en un silencio profundo y respetuoso ofrece su mano a las manos de Cristo. Pero Jesús, revestido de carne mortal y con temor a la muerte, se asusta al ver tales cosas. Su pie se ha crispado en un movimiento brusco; la correa de su sandalia se ha desatado y cuelga de su pie.
Para rezar ante la Virgen del Perpetuo Socorro fija tu mirada en la imagen de María; mírala y déjate mirar por ella; poco a poco, irás descubriendo el misterio de nuestra Redención en Cristo Jesús; María te invita a recordar el misterio de la Pasión de Cristo y la Pasión del mundo, sus dolores y los tuyos. Déjate mirar por ella y mira con Ella a tus hermanos; pídele socorro y socorre como Ella.

Miguel Jiménez Contreras

ESCANDALOSO SILENCIO

No existe unanimidad en cuanto al número de cristianos asesinados en el mundo por el simple hecho de serlo, pero se sabe que son muchos miles. Otros han sido violados, vendidos en esclavitud, torturados, encarcelados y mutilados.Pero si esto es espantoso,  mucho más pavorosa es la conspiración de silencio de los países del Occidente que lo rodea. Sin duda un martirio de proporciones bíblicas, con particular saña en Oriente Medio, la cuna del Cristianismo, donde ahora está en vías de extinción.
Cabe preguntarse: ¿Cómo es posible que no se hayan disparado las alarmas globales? ¿Cómo al menos en Occidente, paladín de los derechos humanos, nadie haya clamado? La respuesta es tan simple como cruel: porque las víctimas son lejanas, desconocidas y sin poder político para ejercer presión. No tienen petróleo, ni armas nucleares.
En Occidente las élites  políticas y mediáticas viven atrapadas en la corrección política. Muchos de ellos  ignoran a la cristiandad para no ser acusados de islamófobos.  Y esto porque los cristianos no hacen ruido, ni intimidan u organizan campañas de denuncia. Ya pueden caricaturizar a su Dios o masacrar a sus seguidores que ellos apenas se inmutan, salvo honrosas excepciones, adormecidos en el estado bienestar de la sociedad occidental.
También los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en este asunto, por su escandaloso silencio o por presentar estas masacres como hechos aislados, cuando lo que está ocurriendo es un exterminio sistemático, una limpieza religiosa de cristianos. Sin información correcta de la prensa no se crea opinión pública, sin opinión pública no hay presión de los ciudadanos y sin esta presión los gobiernos no hacen nada.
No cabe duda que el llamado Estado Islámico surgido en el norte de Irak y Siria es un motivo serio de preocupación. Son una amenaza para  nuestra civilización cristiana occidental, un  patrimonio de todos que hemos recibido de generación en generación y que tenemos el deber y la obligación de defender por todos los medios disponibles.
Es esta civilización la que ha permitido que prosperara la democracia, sin duda la mejor forma de gobierno que nos podemos dar. Y ha sido posible porque es en nuestros países de tradición cristiana donde se respeta la igual dignidad del hombre y la mujer así como los derechos y libertades individuales de los ciudadanos.
Un hombre, un voto. Pues todo esto está en peligro y tenemos la obligación de defenderlo. Es cierto que nos pilla un poco indefensos, pues entre el relativismo y el nihilismo imperantes estamos desprovistos de valores y habría urgentemente que recuperarlos y educar a la juventud en ellos.  Es importante reconocer que esta perversión del Islam es incompatible con el cristianismo, judaísmo y todas las religiones del mundo. También con nuestra Constitución y nuestros derechos civiles.
Sin embargo, se atisba alguna esperanza, como la llamativa estrategia que están adoptando los países del Magreb,  destinada a combatir a los integristas islámicos con sus mismas armas: el Corán y la formación de imanes para que prediquen la recta doctrina.  Habrá que esperar algunas generaciones para saber si estos métodos son suficientes para evitar las corrientes integristas que ven en el Islam radical la solución de todos los problemas sociales y económicos.

Emilio Montero Herrero

 

MIS CRISTOS ROTOS

Un día primaveral de finales del mes de mayo de 2006, me encontré con un buen amigo en la entrada de la Iglesia de San Millán y empezamos a hablar de religión y de literatura. No recuerdo como salió el tema de Cristos mutilados, de Cristos rotos y yo le comentaba que hacía ya tiempo me impresionó  la visión de un Cristo crucificado que hay en la Catedral, en la capilla que da entrada al Claustro; un Cristo al que llaman, Cristo del Consuelo que tiene los dedos de ambas manos rotos y chamuscados como de haberlos perdido en un incendio, así como también tiene quemadas una pierna y parte de la cadera que no se ven porque lo impiden unas faldillas de terciopelo morado. Tiene este Cristo los brazos partidos por los bíceps y los dedos de los pies están intactos pero exentos de pintura por los besos y pasa manos de los fieles. Tiene los ojos cerrados y una serena tristeza en su rostro que llama la atención de quien lo contempla. Nadie sabe quién es su autor y lo único que se sabe de él es que posiblemente sea del siglo XVII y que procede del Colegio de la Compañía de Jesús. Este amigo me escuchaba atento y cuando le dije que me había leído varias veces “ Mi Cristo roto” del padre Ramón Cué, me dice entusiasmado: Yo también tengo un Cristo roto... espera , que voy a por él. A los pocos minutos aparece con algo envuelto en un trapo blanco; nos apartamos un poco del atrio de la Iglesia y con delicadeza deslía el trapo blanco y queda al descubierto un Cristo crucificado sin cruz, sin brazos ni piernas, que sólo conservaba el torso y la cabeza. Una figura tallada en piedra, a la que le falta un trozo de pecho, a modo de una gran llaga. En la espalda tiene restos de haber sido quemado y posiblemente pisoteado. La verdad es que la visión de este Cristo me emocionó y no sabía que decir, hasta que  me contó que lo había donado para la capilla de Santa Columba, Dª Dominica Contreras, Marquesa de Lozoya. Con gran delicadeza y discreción envuelve el Cristo otra vez en su improvisado sudario y lo guarda. Yo me despido hasta otro día, pero sin olvidar la figura del Cristo mutilado, haciéndome muchas preguntas sobre él, que de momento no tenían respuesta. A los pocos días me encuentro, en la plaza del Azoguejo, con doña Dominica y le pregunto por el origen de este Cristo roto y con la amabilidad que le caracteriza me dice que en la inmediata posguerra, siendo Eugenio D`Ors y Rovira, Director General de Bellas Artes, este gran escritor y ensayista, encargó a su padre, D. Juan Contreras y López de Ayala, Marqués de Lozoya, un inventario de las iglesias que estaban necesitadas de una restauración urgente en todo el territorio nacional. Pues bien, en una de estas iglesias, no sabe de que pueblo o ciudad, que estaba parcialmente derruida, encontró en el suelo a este Cristo, salvado milagrosamente de un incendio. He pasado mucho tiempo observando este Cristo... y ante esos brazos arrancados, esas piernas tronchadas,  ese torso descarnado, esa espalda quemada y esa expresión de tristeza y dolor en su cara, he pensado alguna vez que podíamos restaurarlo o por lo menos ponerlo en una cruz, pero después me he dado cuenta de que lo mejor era dejarlo así, porque así lo encontraron y así es y porque de esta manera, estamos retratados todos en él. Pienso en tantas muertes, en tantas enfermedades, en tanta violencia, en tanta atrocidad y desolación... pienso en todas las cruces  que llevamos: dolores, mutilaciones, angustias, fracasos, desilusiones... todas están ahí; cada uno lleva su cruz  y todas las lleva este Cristo roto. Todos debemos pedir a nuestro Cristo roto que nos ayude a llevar nuestras cruces con dignidad, con paciencia y con alegría. Cuando nos llegue el dolor, cuando parezca que todo nuestro cuerpo se va a romper y nos falten las fuerzas para seguir viviendo, debemos pensar en este Cristo sin brazos, sin piernas, pisoteado y quemado, que nos mira con sus ojos tristes, pero que está dispuesto a ayudarnos siempre.
               
Miguel Jiménez y Contreras. 

CHARLIE HEBDO

Siempre me han ofendido las sátiras de la revista Charlie Hebdo, con esas portadas osadas e irreverentes que consiguen la indignación de musulmanes, judíos y cristianos por igual; un semanario que antes del atentado terrorista, en el que desgraciadamente perdieron la vida doce personas, ya había sido objeto de otras agresiones, como el grave ataque que sufrió en noviembre de 2011, cuando su redacción fue incendiada por publicar una serie de caricaturas de Mahoma. Al regresar la revista a los kioscos,insistió en su línea satírica con una portada en la que un musulmán y el dibujante se fundían en un beso homosexual bajo el titular: "el amor es más fuerte que el odio". El director de la publicación, Stéphane Charbonnier, conocido como Charb, muerto en el atentado, reivindicaba en el editorial el derecho de sus dibujantes y periodistas a bromear sobre lo que les plazca. Un año más tarde, en enero de 2013, la página Web de la revista también sufrió ataques por piratas informáticos, probablemente por la divulgación de una biografía en cómic sobre Mahoma.
En Francia cada publicación de estas caricaturas ha desatado un intenso debate sobre la libertad de prensa y el uso que de ella deben hacer los medios de comunicación. Incluso, después del terrible atentado de Paris, Henri Roussel, uno de los fundadores de Charlie Hebdo, acusó al que fuera director de la revista satírica, Charb, de arrastrar a su equipo a la muerte, debido a la publicación de caricaturas de Mahoma cada vez más provocativas, reconociendo que no es apropiado. Voz discordante que debemos tener muy en cuenta, ya que se trata de la voz de uno de los pioneros de Charlie Hebdo.
El Papa Francisco hablando de la libertad de expresión, dijo, no se puede uno reír de la religión; cada religión que respeta la vida tiene dignidad". El Santo Padre habló sin rodeos. Con un ejemplo sorprendentemente coloquial para el asunto, señaló al funcionario vaticano que tenía al lado: "No se puede reaccionar violentamente, pero si el señor Gasbarri, que es mi amigo, dice una palabra contra mi madre le espera un puñetazo, ¡es normal!; expresión que no ha gustado al coro vociferante que estos días ha canonizado el derecho a la blasfemia como si fuera incluso un bien social. Es obvio que la espontánea respuesta del Santo Padre en ningún momento pretendió justificar la violencia. De esta forma, antes de abordar el tema dibujo el contexto con una condena a la "aberración de matar en nombre de Dios, de los terroristas suicidas -"Hay un elemento de desequilibrio humano, no sé si mental"- y con la admisión de que el mismo puede sufrir un atentado: "El mejor modo de responder a las amenazas es la mansedumbre, ser humilde como el pan”
Ciertamente, nunca me gustó la revista Charlie Hebdo, un medio vulgar que menosprecia las opiniones que no son la suya y que con el pretexto de la libertad de expresión se permite todo tipo de provocaciones. Charlie Hebdo es un periódico agresivo que usa el odio contra las religiones haciéndolo pasar por humor. Con estas opiniones no pretendo ofender a las víctimas, pues sobran las palabras para contar el horror que golpeó al periódico con unos asesinatos execrables, sino por mi incomprensión ante su falta de respeto entre los pueblos y los ciudadanos.
Estamos muy conmocionados por lo que ha ocurrido, pero eso no significa que nos sintamos parte de esa revista o que compartamos sus mensajes. Nosotros también tenemos derecho a expresarnos.

TU DÍA A DÍA ES TAMBIÉN EL DÍA A DÍA DE DIOS

Se habla de un actual analfabetismo religioso, de una ignorancia incluso de los conceptos más básicos de la fe. Ahora parece que lo que prima son los ídolos, como la salud, el culto al cuerpo, la belleza, el éxito, el dinero o el deporte. Todos adquieren, en circunstancias, rasgos de una nueva religión. Chesterton decía que cuando se deja de creer en Dios ya no se puede creer en nada y el problema más grave es que, entonces, se puede creer en cualquier cosa. A pesar de todo, debemos recordar que el pensamiento de Dios ronda la mente del hombre desde tiempo inmemorial. Aparece con terca insistencia en todos los lugares y todos los tiempos, hasta en las civilizaciones más arcaicas y aisladas de las que se ha tenido conocimiento. No hay ningún pueblo ni periodo de la humanidad sin religión.  Y es que la existencia de Dios ha sido siempre una de las grandes cuestiones humanas, pues se presenta ante el hombre con un carácter radicalmente comprometedor. El hombre busca respuesta a los grandes enigmas de la condición humana que ayer como hoy se presentan ineludiblemente en lo más profundo de su corazón: el sentido y el fin de nuestra vida, el bien y el mal, el origen y el fin del dolor, el camino para conseguir la verdadera felicidad, la muerte, el juicio, la retribución después de la muerte. Todo apunta hacia el misterio que envuelve nuestra existencia, de donde procedemos y hacia qué nos dirigimos.
No es difícil llegar a reconocer que Dios existe. Me encantan la palabras del  Papa Francisco respecto a la forma de actuar de Dios y de sentir su presencia: Dice el Papa: “Lo ordinario es lo más común, lo regular, lo que sucede habitualmente. Así es y así discurre la mayor parte del tiempo de nuestra vida, en ese rutinario y monótono día a día, que a veces hasta se nos hace mecánico y del que tantas veces sentimos la tentación de huir y escapar. En cambio, así de habitual, regular y común es también la acción de Dios en nuestra vida. Piensa que tu día a día es también el día a día de Dios, que tu vida ordinaria es también la vida ordinaria de Dios. Porque es ahí donde Dios se te da y es de esa manera, tan común y tan simple en sus formas, como Dios te va dando a conocer su voluntad. Una llamada inesperada, un imprevisto, una conversación, el madrugón para ir al trabajo, el atasco correspondiente o el autobús que se me escapa, ese que se cuela en la cola del cajero cuando más prisa tengo, son ocasiones preciosas para un ofrecimiento o un momento de oración, un acto de amor o de acción de gracias, una pequeña renuncia o mortificación. Tendemos naturalmente a buscar esa irresistible fascinación de lo espectacular y aparatoso, de lo extraordinario y fuera de lo común, haciendo del milagro o de la lotería casi un ideal. Nada más ajeno al estilo del Evangelio. Piensa que la encarnación es un Dios que se hace carne de niño, que la redención se realiza en el aparente y estrepitoso fracaso de una cruz o que el gran prodigio de la Eucaristía gravita sobre un poco de pan y un poco de vino .Tu santidad será más real cuanto más crezca hundida y escondida, como grano fecundo en la tierra árida y dura de tu vida cotidiana. Ahí estás llamado a impregnar todas las cosas, personas y circunstancias de una profunda visión de fe, capaz de atisbar en todo y en todos ese susurro de cielo que es Dios presente en tu vida. Descubre y renueva el valor de ese pequeño día a día de tu vida que resultará tanto más extraordinario cuanto más sepas llenarlo de Dios”.

Emilio Montero Herrero

   SOBRE EL ABORTO

Yo me pregunto, independientemente de aspectos políticos o religiosos, sólo utilizando el  sentido común: ¿aprenderemos alguna vez a valorar la grandeza, la magnitud y la trascendencia de la dignidad humana? Ahí tenemos la ley del aborto que legitima el acabar con la vida de un niño en el vientre de su madre, el más nefando que se puede cometer, pues el claustro materno  debe ser garantía de vida para toda criatura, y no convertirse en siniestra cámara de muerte. Se discute cual es el instante inicial de nuestra vida, pero nadie discute que vivimos antes de nacer. Y quien tiene la certeza absoluta de que vivimos es la mujer que nos lleva en su seno. Toda madre, incluso la que no pertenece a la especie humana, sabe cuándo es portadora de vida. 
Los defensores del aborto arguyen que el cigoto no es un ser humano vivo, pero si no estuviera vivo no sería necesario provocarle la muerte, y si no fuera un ser humano no lo identificaríamos como tal cuando naciera. 
Cualquier médico sabe que en un óvulo fecundado que anida en el vientre materno está toda la carga genética de un nuevo ser humano, sujeto de derechos más aún que cualquier otro, porque está indefenso.  Resulta, por tanto, como mínimo espeluznante  que quienes más deberían velar por su vida sean sus peores amenazas: la madre y el médico. 
Pero ni siquiera en el caso de duda puede ser lícito el aborto, de igual modo que  un cazador no puede disparar sobre un objeto que se mueve entre unas matas con la duda de si es un hombre o un animal. Si dispara sin salir de la duda y resulta que es un hombre, será responsable de un homicidio.
Para que el aborto fuera lícito, los abortistas tendrían que estar seguros de que no hay vida humana desde el primer momento. Y esto es imposible, pues los científicos demuestran que la vida humana comienza en el momento de la concepción. Querer, por tanto, justificar el aborto basándose en que el embrión o el feto no es un ser humano vivo es muestra de incultura, de hipocresía o de cinismo, cuando no de las tres cosas.
Sobre el aborto es preciso también no usar artimañas ni eufemismos. Y es que decir que la mujer puede hacer de su cuerpo lo que quiera, es otra falacia. El nuevo ser que una mujer lleva en sus entrañas no es como una verruga que ella puede extirpar sin problema moral. ¿O es que acaso en un momento de la vida de la mujer, ésta se transforma en un ser con dos corazones, dos pulmones, cuatro manos…, que necesitan ser estirpados? Es decir, como si sufriera una especie de metamorfosis que habría que estudiar en medicina a partir de ahora. Ridículo, ¿verdad? Y es que cualquiera entiende que son dos cuerpos diferentes, por lo que la madre no tiene derecho a decidir sobre el que no es el suyo.

Emilio Montero Herrero

 

ATRACTIVO DE JESÚS

Es curioso como a personas creyentes en Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, nos fascina predicar y proclamar a los cuatro vientos que creemos en él y que confiamos en su palabra, pero a la hora de la verdad no lo aplicamos y nos acongojamos. Y es que nos dejamos atrapar por redes de todo tipo que nos impiden seguirlo.
Algunas de esas redes podrían ser nuestro trabajo, nuestras aficiones, nuestros placeres, o la globalización en la tele y en Internet, que tratan de confundirnos y engañarnos.
Y es que hay mucha diferencia entre los criterios de nuestra sociedad paganizada y las proclamas que nos lanza Jesús. Son banderas de partidos antagonistas, son eslóganes de candidatos eternamente rivales.
Por eso nuestra decisión de seguir a Jesucristo tiene hoy mucho valor –quizá mucho más que en otros tiempos-, porque vemos a nuestro alrededor cómo se le deja solo, al ser aceptadas por la sociedad tantas doctrinas y prácticas contrarias a todo lo que nos propone.
En Él podemos alimentarnos de una fuerza, una luz y una esperanza que vienen del mismo Dios. Y es que lo más atractivo de Jesús es su capacidad de dar vida. Él nos sacará del estado de mediocridad en que vivimos sumidos de ordinario. Nos estimulará  para ir más lejos que lo establecido por nuestras instituciones. Con su Espíritu dejaremos de estar atrapados en el pasado, viviendo nuestra religión anclada en otras épocas y para otros tiempos que no son los nuestros. Incluso los no creyentes habrán de reconocer que su personalidad y su doctrina han cambiado profundamente el mundo.
No cabe duda de que ir contra esa corriente social es toda una aventura y es propia de valientes, pero con Jesucristo como ariete ganaremos el partido. Si optamos por Él, sabemos con total seguridad que no nos equivocamos.

Emilio Montero Herrero

 

FUNDAMENTO DE VALORES

Hace algún tiempo, varios padres de un colegio público promovieron una  denuncia ante los tribunales españoles por la presencia de crucifijos  en la escuela. Los padres demandantes alegaban que su presencia vulneraba derechos fundamentales, como la libertad de conciencia, y que son incompatibles con el estado aconfesional que establece la Constitución Española.
Con respecto a este asunto, creo que el crucifijo no es contrario a las normas fundamentales de nuestro ordenamiento constitucional. Está claro que en un lugar de culto el crucifijo es propio y exclusivamente un símbolo religioso, en cambio en una sede no religiosa, como la escuela, destinada a la educación de los jóvenes, el crucifijo por una parte seguirá revistiendo para los creyentes los antedichos valores religiosos, pero tanto para creyentes, independientemente de la religión que se profese, como para no creyentes, exponerlo está claramente justificado y no discrimina en el plano religioso, al recordar valores civilmente relevantes que inspiran y sustentan nuestro orden constitucional. Es decir, que su función simbólica es altamente educativa. Y es que nadie puede dudar que el crucifijo representa valores como la entrega, el sacrificio por los demás, la tolerancia, el respeto mutuo, la estima por la persona, la afirmación de sus derechos, la libertad, la solidaridad humana, el rechazo de toda discriminación…; todos valores característicos de la civilización española. Por tanto,  el crucifijo en la escuela tiene la función de expresar el fundamento de los citados valores civiles de nuestro contexto cultural, siendo muy difícil encontrar otro símbolo que se preste mejor a hacerlo.

Emilio Montero Herrero

 

 

  



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