Lecturas

El Evangelio del día, la carta de nuestro Obispo y poemas

El Evangelio del día

Carta de nuestro obispo

Vocación y «provocación»

La Ordenación de un nuevo sacerdote el pasado 29 de junio es, para la Diócesis de Segovia, un signo de esperanza. La vocación al Sacerdocio es un don inestimable de Cristo a su Iglesia. Asegura su presencia de Pastor y la continuidad de su gracia a través de los sacramentos. El nuevo sacerdote, por la imposición de manos y la oración de la Iglesia, ha pasado a formar parte de la gran corriente viva de la Tradición que vincula la Diócesis de Segovia a Cristo y a los apóstoles. 

Cuando decimos que la Iglesia es apostólica, nos referimos al colegio apostólico que recibió de Cristo la capacidad de transmitir la fe, los sacramentos, la vida eterna. España posee el privilegio de haber recibido la fe en las primeras horas del cristianismo a través de Santiago el Mayor, nuestro patrón, y del apóstol Pablo, que, según una fidedigna tradición, fundada en sus propias palabras, tenía la intención de viajar a nuestro pueblo. La responsabilidad que supone haber recibido la fe en el tiempo apostólico exige vivirla con inmensa alegría y con firme voluntad de transmitirla a los demás. Todo menos languidecer en la indiferencia o la rutina.

La pastoral vocacional, entendida en su rico abanico de posibilidades —al sacerdocio, a la vida laical y familiar, a las misiones y a la vida consagrada— es hoy una de las primeras exigencias de nuestra fe. Como decía san Juan Pablo II, «la fe se fortalece dándola». Y transmitir la fe no es una cuestión de ideología; es una cuestión vital, testimonial. Un joven sacerdote, con carrera universitaria, que decide seguir a Cristo en el sacerdocio es una auténtica «provocación», que, en su sentido más genuino, significa invitar a alguien a algo. Lo primero que hizo Jesús al comienzo de su ministerio fue invitar a seguirle a un grupo de doce, a quienes constituyó apóstoles. Les invitó a estar con él para enviarlos a predicar y sanar. La ordenación de un sacerdote significa que comienza a participar de la vida de ese grupo que nos asegura la relación vital con Cristo resucitado, que sigue llamando y «provocando» a seguirlo sin mirar hacia atrás, porque quien pone la mano en el arado y vuelve la mirada atrás no es digno de él.

Si planteamos la escasez de sacerdotes solo como un problema logístico, no damos en la diana. Se trata de un problema de vitalidad eclesial, de seguimiento de Cristo con todas sus consecuencias. No se trata de ocupar puestos vacíos en la Iglesia; se trata de que la comunidad eclesial, consciente de la herencia recibida, reaccione como un cuerpo vivo y fecundo y ofrezca a Cristo cristianos idóneos para el ministerio, sin abandonarse a los estériles lamentos por la escasez. Ni Santiago ni Pablo habrían venido a España si hubieran dado primacía a las dificultades, en lugar de entregarse con generosidad y valentía a la evangelización. El «ven y sígueme» de Cristo a los jóvenes de hoy tiene la misma fuerza que el que dirigió a los primeros discípulos. Por eso, la ordenación de un nuevo sacerdote y el patronazgo de Santiago en España deben ser una gozosa «provocación» para que toda la comunidad cristiana se atreva a invitar a niños, jóvenes y adultos a seguir a Cristo y entregarle la vida en un tiempo en que la llamada de Cristo, como la semilla del sembrador, parece caer en tierra estéril, entre zarzas y piedras que impiden echar raíces profundas que hagan crecer la generosidad de quien la recibe. 

Aquí está el gran desafío de nuestra Iglesia diocesana al que debemos mirar de frente, sin miedos ni complejos, pero con ese plus de valentía y generosidad que nace del valor que demos a la fe apostólica, sin la que perderíamos la relación con el Cristo Resucitado que conduce a su pueblo.

César Augusto Franco Martínez
Obispo de Segovia

Poema

Oda a los abuelos (San Joaquín y Santa Ana, 26 de julio)

Encargados de velar
en la tierra y desde el cielo,
procurando el bienestar
de los hijos y los nietos;
los tendrían que inventar
de no estar ya existiendo,
porque son los que nos dan
seguridad y sosiego,
apoyo si algo va mal,
ternura con los pequeños…
¡Poned en un pedestal
de cariño a los abuelos!

José García Velázquez

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