Visita pastoral de D. Jesús Vidal a la parroquia de San Millán

El pasado domingo 1 de marzo, la parroquia de San Millán acogió la visita pastoral de nuestro obispo, D. Jesús Vidal, en una jornada marcada por el encuentro y la escucha.

Encuentro con los grupos parroquiales

A las 11:00 de la mañana, el obispo llegó al templo para mantener un encuentro con los grupos parroquiales y con todos aquellos fieles que quisieron acercarse. Fue recibido con cantos y una breve oración.

Estaban convocados el Consejo de Pastoral, Proyecto Amor Conyugal, Renovación Carismática Católica de Segovia, Fe y Luz, Emaús Mujeres y Emaús Hombres, Vida Ascendente, Cáritas, Catequistas, los coros parroquiales, Despacho Parroquial, Grupos de Fraternidad, Grupo de Liturgia, Visitadores de Enfermos, la Cofradía de la Soledad al Pie de la Cruz y del Santo Cristo en su Última Palabra, así como los monaguillos. Fue una representación amplia y diversa de la vida parroquial.

El obispo invitó a los asistentes a expresar con libertad lo que llevaban en el corazón: alegrías, inquietudes y peticiones. Se compartieron experiencias muy variadas, reflejo de una parroquia viva.

Entre las alegrías manifestadas estuvieron el agradecimiento por la cercanía del propio obispo y por el ministerio de nuestro párroco, D. Jesús Cano, así como la vitalidad de la Cofradía, especialmente por la presencia de numerosos jóvenes comprometidos y activos en sus eventos.

Entre las alegrías manifestadas estuvieron el agradecimiento por la cercanía del propio obispo y por el ministerio de nuestro párroco, D. Jesús Cano, así como la vitalidad de la Cofradía, especialmente por la presencia de numerosos jóvenes comprometidos y activos en sus eventos.

También surgieron algunas preocupaciones: la percepción de una pérdida de valores cristianos en la sociedad actual; la necesidad de revisar los métodos de iniciación cristiana, que quizá responden a otra época; la abundancia de grupos en algunas parroquias y la conveniencia de organizar mejor su distribución; la carga pastoral que supone para un sacerdote acompañar tantos grupos; o el reto siempre presente de atraer a los jóvenes a la Iglesia.

El obispo respondió con realismo y esperanza. Recordó que no vivimos simplemente una época de cambios, sino un cambio de época, expresión utilizada con frecuencia por el papa Francisco. Esto significa que el cambio ya se ha producido y debemos asumirlo con serenidad.

Señaló que la Iglesia ya no ocupa el lugar protagonista que tuvo en otros momentos históricos, pero que tampoco vivimos un tiempo de rechazo frontal. Más bien existe una cierta apertura cultural hacia lo cristiano. No se trata de imponer la fe, sino de vivir la experiencia de Cristo resucitado y manifestarla con el testimonio personal y comunitario.

Reconoció asimismo que los métodos de iniciación cristiana necesitan actualizarse para responder a la realidad actual, siempre desde la fidelidad al Evangelio.

La Eucaristía y la homilía

A las 12:30, el obispo presidió la Eucaristía acompañado por el párroco, D. Jesús Cano, y el sacerdote adscrito a San Millán, D. Pedro Gabriel Prieto.

En la homilía, basado en el relato de la Transfiguración de Cristo leído ese domingo, retomó las ideas compartidas en el encuentro previo.

Hemos entrado en una nueva época.
El relato dominante ya no es el cristiano.
Esto requiere un nuevo lenguaje y un nuevo ardor en el corazón que nos lleve al encuentro con Jesucristo.

Recordó la promesa hecha a Abraham: “Tu nombre será bendición para todos los pueblos”. Que significa que estamos llamados a ser bendición para los demás; eso es la vida cristiana.

La meta de nuestra vida es participar del Cuerpo resucitado de Cristo. La Transfiguración nos invita a dejarnos transformar por Él, a volvernos hacia Cristo y dejarnos iluminar, como personas y como Iglesia.

Subrayó la llamada del Evangelio: “Este es mi Hijo, el Amado: escuchadlo”, que se puede traducir en escuchar la Palabra y dejar que nos transforme.

Reconoció que, como los apóstoles, a veces podemos sentirnos solos. El camino hacia la Pasión no es sencillo. San Pablo nos recuerda que estamos llamados a tomar parte en los padecimientos por el Evangelio. El amor auténtico pasa por la prueba y la contradicción, pero siempre sostenidos por la fuerza de Dios.

Lo fundamental como cristianos es experimentar el amor que Dios tiene por nosotros, por nuestros grupos y por la comunidad, y dejar que ese amor nos transforme.

Resumen final de la homilía

  1. Salgamos de las dinámicas pastorales que paralizan y no ayudan en la nueva evangelización.

  2. Escuchemos con mayor profundidad la Palabra de Dios: leer la Biblia en silencio, en casa, y guardarla en el corazón.

  3. Afrontemos sin temor los esfuerzos y contradicciones que surgen por seguir el Evangelio. Cristo resucitado nos acompaña y nuestras acciones darán fruto en su momento.

Un final fraterno

Al término de la Eucaristía, la Cofradía ofreció una limonada y un aperitivo en el atrio de la iglesia. El obispo permaneció allí conversando con quienes se acercaban, respondiendo preguntas y compartiendo impresiones, mostrando así su cercanía pastoral.

Fue una jornada de comunión para la parroquia de San Millán, que continúa su camino con la confianza puesta en Cristo resucitado.

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