Horario de Misas

Diario: 10:30,20:00

Domingos y festivos: 10:00,11:30,12:30, 20:00

Atención Personalizada

En la iglesia o en la Casa de Piedra.

Acordar previamente la hora con nuestros párrocos:

Jesús Cano 609943401

Aimée Kukuluka 631165327

 

HISTORIA DE LA PARROQUIA DE SAN MILLÁN

 

 

 

 

 

   Queridos amigos internautas:

Nos ponemos en contacto con vosotros con el propósito de dar a conocer más el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Para ello, encontraréis en la página de inicio diversos enlaces que facilitan este cometido.
Los temas serán diversos dependiendo de muchos aspectos y circunstancias: sociales, culturales, religiosos… Esperamos y deseamos que sean del gusto e interés de todos.

Avda. del Acueducto nº 26 40002 Segovia

ACOMPAÑAMIENTO Y ATENCIÓN PERSONALIZADA:

 DIOS ES AMOR Y PAZ

ACORDAR PREVIAMENTE LA HORA PARA EVITAR ESPERAS.

SACERDOTE:

D. Jesús Cano Arranz: 609 943 40

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LOS 5 MINUTOS DEL DÍA DEL SEÑOR

 

SEMANA SANTA EN CASA

ABRIL de 2020

por

D. Jesús Cano Arranz (Párroco de San Millán)

 

Vídeo (pinchar aquí)

 

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MEDITACIÓN DIARIA

En este enlace encontrarás  la meditación  diaria de la página "Hablar con Dios", que te puede servir para hacer esos 10 ó 15 minutos diarios de oración, tan aconsejables.

http://www.hablarcondios.org/meditaciondiaria.asp

Te sugiero esta oración introductoria y final:

ORACIÓN INTRODUCTORIA
 Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves que me oyes Te adoro con profunda reverencia, te pido perdón por mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración.Madre mía Inmaculada, S. José mi padre  y señor, ángel de mi guarda interceded por mí.

 ORACIÓN FINAL
 Te doy gracias Dios mío por todos los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, S. José mi padre y señor, ángel de mi guarda interceded por mí.

 

En la hoja parroquial "Juntos" podrás conocer todas las actividades de la parroquia.

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Ante el coronavirus vivimos un tiempo de gran dolor en muchos países del mundo. La muerte de tantos que por la crisis sanitaria ya no alcanzan ni tan siquiera siquiera poder recibir atención médica y espiritual, sin la recepción de sacramentos. Otros mueren solos y sus familiares no pueden despedirse de ellos. Los doctores y el personal sanitario se encuentran agobiados.

Mantengámos unidos en oración constante.

 

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ANTE LA SITUACIÓN DEL CORONAVIRUS

En primer lugar, recibid un cariñoso saludo de este sacerdote, que os recuerda todos los días en sus oraciones y que vive con preocupación junto a vosotros.
Ante esta situación de pandemia que padecemos todos, me permito dirigiros unas palabras de aliento y de esperanza que, por supuesto, hago con mucho gusto.

Soy consciente del miedo que mucha gente está pasando en la posibilidad de que puedan llegar a contagiarse. Yo os digo: no tengáis miedo. El miedo nunca es bueno. Por otra parte, sabed que todos los profesionales de la salud, que están trabajando incansablemente, lo están haciendo con total sabiduría y profesionalidad, cuidando todo hasta el último detalle y bien protegidos con el único fin de que ellos no puedan ser transmisores del virus mortal, que está afectando al mundo entero.

También pienso en vuestras familias y las recuerdo en la misa que celebro todos los días en mi iglesia a puerta cerrada. Ellas, vuestras familias, y todos nosotros sufrimos en estos momentos tan críticos por el hecho de no podernos ver, saludar, abrazar y comunicar tantos sentimientos de afecto y cariño familiar que tanta falta nos hacen a todos, a vosotros y a mí.  

Por todo ello, deseo transmitiros toda mi esperanza y aliento en esta situación de tristeza. Sabed que estoy a vuestro lado y que podéis contar siempre conmigo. Igualmente, os pido también a vosotros que seáis portadores de la luz de la esperanza. Lo podéis hacer de una forma muy sencilla, por ejemplo, siendo comunicadores de palabras de vida, de fortaleza, de ánimo para seguir caminando; también a través de los gestos de nuestras manos y de la cara podemos ayudar mucho a transmitir paz, alegría, serenidad, amistad...  Es muy necesario siempre. También habéis de ser personas de esperanza y buen ánimo para los vuestros rezando por ellas, seguro que lo estáis haciendo.
Por mi parte, está claro que, en mi condición de creyente, lo estoy viviendo con mucha esperanza en el Dios que se ha manifestado en Jesucristo, dueño de la creación, de la historia, de la vida de cada uno de nosotros, sabiendo que esta historia la va guiando Él hasta el final. No me cabe la menor duda de que es así.

Por otra parte, también sé que Dios ha dado libertad al hombre y que le respeta como tal para que este hombre pueda aceptar a Dios o rechazarle. Aquí está nuestra libertad.

Sabeos queridos y amados por Dios, en Él encontraréis un espíritu de fortaleza, paciencia, amor, comunión y, sobre todo, amor, mucho amor, del que nunca se acaba, porque Dios es amor y un amor sin límites, para ti y toda tu familia. Os invito a que oréis confiadamente al Dios vivo y verdadero, sé que muchos ya lo estáis haciendo. Sólo me queda deciros que vivo unido a vuestra oración e intenciones, así como también las de vuestras familias. Sabed que os recuerdo siempre. Mucho ánimo. Jesucristo venció la muerte y perdonó todos nuestros pecados con su amor crucificado. Él es nuestra gran esperanza.

La Virgen María nos conceda a todos la gracia de la fidelidad a Dios en nuestra vida, ahora dura y difícil, pero que esperamos que, por intercesión de ella, pase lo antes posible.

Un abrazo cariñoso y la bendición de Dios sobre todos vosotros, creyentes o no.

Jesús Cano.

 

ACOMPAÑAMIENTO A JESÚS EN EL SAGRARIO

Durante estos días que no podemos acudir a la iglesia, dediquemos unos momentos para recordar que el Señor está sólo en el Sagrario. Acompañémosle mentalmente con nuestra oración. Pidámosle que aleje este mal de nosotros.Volvamos la mirada y el corazón a Dios, amparémonos en su misericordia y dejémonos convertir por Él

 

 

POEMAS PARA EL ALMA

JUEVES SANTO: AMOR Y EUCARISTÍA

He encontrado un amigo
tan sumamente fiel
que siempre está conmigo
y siempre estoy con Él.

Siento que me acompaña,

lo llevo en mi interior,
y aunque lejos me vaya
en mí escucho su voz,
que amable me reclama
cuando me acecha el mal,
custodiando mi llama
de frágil santidad.

Cerca tengo su aliento,

que me invita a luchar
y a recibirle atento
al ir a comulgar:
con su entrega contento
vive en mi intimidad
y sirve de alimento
para la Eternidad.

 

  José García Velázquez

 

COMUNIÓN ESPIRITUAL

Dado que la pandemia del coronavirus provocó la suspensión de las celebraciones eucarísticas a lo largo del mundo, el Papa Francisco nos invita a todos los que siguen la Santa Misa por televisión a hacer la comunión espiritual

 

ORACIÓN DEL PAPA ANTE EL CORONAVIRUS

 

“Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza.

Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección.

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y libéranos de todo pecado, o Virgen gloriosa y bendita”.

 

 

 

A MODO DE REFLEXIÓN

Les confieso que estoy emocionado, impresionado, conmovido. Hace apenas quince días estaba compartiendo ratos maravillosos,  paseando tranquilamente con mi familia, sentado en alguna terraza con los amigos o yendo a misa a mi parroquia, y de repente todo ha cambiado radicalmente. Estamos recluidos en casa, encerrados, sin poder salir, a no ser que vayas a comprar productos básicos y con la máxima precaución. Nuestras calles, como las de toda España, están desiertas y las pocas personas que deambulan solitarias son como figuras fantasmagóricas, provistas de mascarilla y guantes, que transitan a paso rápido y con un pesado silencio. Cada vez me llegan más noticias de amigos y conocidos contagiados con el virus, que están ingresados en el hospital o que han fallecido. Y es que Segovia está siendo castigada especialmente  por el Covid-19. La sensación es tan surrealista que lo veo todo como si estuviera en medio de una película.

El coronavirus quizás sea una llamada de atención para que la sociedad abandone el desquicie y nos haga pensar en lo importante. Si hay algo que dificulta el ajetreo de la vida moderna, es algo tan elemental como preguntarnos qué hacemos aquí. En la vida, me refiero. De algún modo tenemos  que encontrar la respuesta, aunque solo sea para que tenga sentido levantarse de la cama cada mañana. Este es el momento. Soledad, tiempo libre y la cercanía de una pandemia que puede afectarnos personalmente: ¿qué ocasión puede haber mejor? 

Es un momento para reflexionar y hacer examen de conciencia. ¿Qué es lo importante en la vida? ¿Por qué descuidamos en nuestro ritmo frenético occidental, muchas veces individualista, lo más importante? ¿Por qué hace falta que ocurran estas cosas para que valoremos, como se merecen, a nuestros familiares y amigos? ¿Por qué tenemos tanto miedo a la muerte y a la enfermedad? ¿Por qué nos creamos necesidades que no tenemos y la mayoría de las cosas que tenemos no las necesitamos? Son tiempos para meditar todas estas cosas y profundizar en la orientación que estamos dando a nuestra vida.

Bajo una perspectiva cristiana esta pandemia también nos puede hacer replantear el porqué y el para qué vivimos. No estamos sobre este mundo indefinidamente, sino que disponemos de un tiempo limitado de prueba y de adquisición de méritos. Vivimos el otro plan de la Creación, ya que la enfermedad y la muerte entraron en nuestro mundo por la caída libre de nuestros primeros padres y no fueron al principio planeadas por Dios. Ahora la vida es más costosa y más frágil. Dios delega en la enfermedad y en la vejez para que pasemos de este mundo al otro. Sin embargo, disponemos de ayudas espirituales para rendir mejor y soportar todas y cada una de las pruebas que se nos vienen encima.

En estos tiempos cuaresmales la Providencia nos ha dejado para que nos unamos más que nunca a la Cruz, a Cristo. Es tiempo de volver a rezar en familia, de recuperar esas preciosas costumbres que quizás hayamos  descuidado. Volver al Rosario, al Vía Crucis, a leer las Sagradas Escrituras. Acercarnos a las vidas de los santos, a la oración, pidiendo a Dios que acabe con esta epidemia. En España existen numerosos santos intercesores queridos expresamente por Dios. Sin ir más lejos, San Roque, que ya nos libró de la peste.

En esta lucha contra la pandemia las distintas autoridades, los profesionales sanitarios, las Fuerzas de Seguridad, el Ejército y la sociedad en general estamos tratando de contenerla, evitar más contagios, buscar tratamientos eficaces y ganar tiempo hasta que tengamos vacunas para todos. Un  virus que se está comportando también como un gran experimento social y pone a prueba nuestro sistema de vida, el teletrabajo, la conciliación laboral-familiar, el ocio on line, el empleo y la producción.

Todo esto me recuerda  a San Benito Abad, declarado Patrón de Europa por el Papa Pablo VI en 1964, quien después de un tiempo de vida eremítica escribió su famosa regla, en la que se inspiraron números reglamentos para la vida monástica y religiosa. Un elemento fundamental de esa regla es la famosa máxima: “ora et labora” (ora y trabaja). Esto sigue siendo válido hoy para todos, aunque no tengamos una vocación a la vida religiosa, especialmente en estos días de prueba. San Ignacio, decía: actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios.

Emilio Montero Herrero

 

"ALZAD LA CABEZA; SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN” (Lc. 21,27)
(Carta pastoral por Semana Santa)

Queridos diocesanos: La dramática situación que vivimos, por causa de lapandemia del COVID-19, me apremia a dirigirme a vosotros para expresar los sentimientos de la comunidad diocesana, que me llegan directamente, de los sacerdotes y los míos propios.

Pasamos por un tiempo de prueba y purificación que el Señor ha permitido en su providencia. La historia del pueblo de Dios, desde Abraham hasta hoy, está forjada con el entramado de pruebas que han provocado, junto al sufrimiento y la muerte, frutos de purificación, paciencia, solidaridad y caridad fraterna. En estos días, la fragilidad y el dolor nos ha unido entre nosotros y con el Cristo sufriente que no deja de acompañar a su pueblo y de padecer con él. Quiero expresar en primer lugar, mi comunión y la de toda la diócesis con aquellos que más han sufrido: los que han muerto o están en grave peligro de fallecer, los familiares y amigos que les acompañan con cariño y profunda compasión. La compañía en el sufrimiento es propia del cristiano, porque responde a la compañía que Cristo ha tenido con nosotros al padecer y morir en la cruz. Os acompañamos con nuestra plegaria y afecto sincero.

1. También deseo expresar la gratitud y el reconocimiento de la Iglesia a los que forman esa inmensa familia de sanitarios —investigadores, médicos, enfermeras, auxiliares, celadores y personal de todo tipo de servicios que forman los hospitales— que, de modo tan ejemplar, se han implicado hasta con el riesgo de su propia salud, en la atención a los enfermos de esta pandemia. Sois verdaderos samaritanos que, ante el sufrimiento ajeno, mostráis la capacidad que el hombre tiene de amar y dar la vida por sus hermanos. Para cuantos creemos en Dios, sois expresión viva de sus entrañas compasivas. Os acompañamos con nuestra gratitud, oración y afecto. Soy consciente de que necesitáis en muchos momentos ayuda y consuelo espiritual. Quisiéramos estar físicamente a vuestro lado. No es posible. Pero estamos con vosotros y junto a vosotros, no sólo con el aplauso diario, sino desde la comunión que Cristo ha establecido entre todos los hombres.

Mi pensamiento alcanza también a las fuerzas de seguridad del Estado, policías, militares, guardias civiles, que, como servidores públicos, trabajan para que los ciudadanos seamos responsables en el cumplimiento de las disposiciones dictadas por las autoridades competentes. Hoy mismo me comentaban que en el santuario de la Fuencisla, donde el Santísimo Sacramento es expuesto a la adoración, entran policías y guardias a rezar y volver a sus diversos trabajos. Que la Virgen, nuestra Patrona, os acompañe y sostenga sin desfallecer en vuestro servicio público imprescindible. ¡Gracias por vuestra entrega generosa!

No quiero olvidar a tantas personas, agentes de pastoral y seglares, creyentes o no, que ayudan a personas imposibilitadas en sus necesidades ordinarias y a cuantos consuelan a los que sufren por los medios telemáticos modernos.
Aunque he dejado para el final a los sacerdotes, no son los últimos en su generoso servicio a los demás. Algunos de ellos en Segovia están contagiados. En Italia se ha dado la cifra de 51 muertos. Quiere decir que, como ministros del Señor, no abandonan a su rebaño en momentos difíciles, sino que lo acompañan con diversas iniciativas y con la eucaristía que cada día se ofrece por los fieles, aunque la celebren solos. La eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia y en ella nos encontramos unidos con una intensidad que ni siquiera sospechamos. Hermanos sacerdotes, dad gracias a Dios por vuestro ministerio.

2. Muchos se han preguntado durante estos días sobre el sentido de esta pandemia y cómo podemos crecer en nuestra humanidad desde una situación que hace patente el límite mismo de la condición humana: la enfermedad y la muerte. Hay lecciones que se aprenden enseguida, apenas alcanzamos el uso de razón: somos frágiles, mortales. Carecemos de la capacidad de vencer, con nuestras propias fuerzas, el límite que nos aproxima a la muerte. Quizás entendemos mejor ahora el rito que inaugura la Cuaresma: la imposición de la ceniza con sus certeras palabras: acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás. La cultura actual, con su crecida y vana autosuficiencia, nos ha hecho olvidar lo que los grandes filósofos siempre han considerado: el hombre es la caña más frágil del universo. Memento mori. No somos dioses y es locura creer que lo somos. Es de sabios asumir la fragilidad de la que habla la Escritura: «Toda carne es como hierba y todo su esplendor como flor de hierba: se agosta la hierba y la flor se cae» (1 Pe 1,24). Ganaríamos en sabiduría si aprendiéramos esta lección y orientáramos nuestra vida desde actitudes y principios morales que no tengan sólo en cuenta la llamada «sociedad del bienestar», sino la «sociedad del espíritu», ése que cuando se escarba un poco en el hombre, acosado por su límite, florece casi espontáneamente. Como ha dicho un extraordinario poeta mejicano, que fundó un hogar para huérfanos, «soy más que todo esto/ que cabe en la clausura de la piel».

Acompañemos, pues, al hombre en su dolor, ese hombre doliente del que trata V. Frankl en sus escritos humanísticos, pero que nuestra compañía le abra al horizonte que trasciende su fragilidad: el del mundo del espíritu abierto a perspectivas de plena humanidad y de vida eterna. Seamos humildes ante la constatación de la impotencia. Podremos vencer al virus, en efecto, pero jamás venceremos el miedo que nos inculca nuestra condición mortal si no hacemos germinar la semilla de inmortalidad que Dios ha puesto en nuestra carne humilde.

3. Con esta carta quiero, como si fuera un pregón, recordaros que en breve celebraremos la semana santa en la que Cristo aparece como Siervo sufriente de Dios cargando con nuestras enfermedades y dolencias —físicas y espirituales— y venciendo la muerte con su resurrección. Será una semana santa muy atípica, sin casi fieles, privada de su solemnidad, reducida a lo más esencial: el amor ofrecido de Cristo en la eucaristía, en la cruz y en la vida resucitada. Pero en medio de esta sobriedad quedará intacto su misterio como una flor que brota en el desierto, como un manantial en tierra seca capaz de convertir el desierto en un vergel. Todo es esperanza. Por eso, os invito a vivir estos días como el Señor propone. Seguramente nos servirá para entender mejor su anonadamiento, su morir fuera de la ciudad santa de Jerusalén, como un desposeído de su regia ciudadanía, como si fuera un malhechor, un apestado. Aprendamos qué significa vivir hacia dentro de nosotros mismos y hacia dentro de nuestros hogares.

Os invito a «celebrar» la Semana Santa en la «pequeña iglesia» que es vuestra casa. Los padres sois sacerdotes de vuestros hijos. Los mayores sois la rica tradición de nuestro pueblo. Ejerced vuestra veteranía y convocad a la familia en torno a la mesa. Permitidme estas sugerencias:


+ El jueves santo, a la hora de comer, poned en la mesa un pan y una copa de vino, recordando la Cena del Señor. Leed algún pasaje evangélico (el lavatorio de los pies de Juan 13; o la institución de la eucaristía que nos trasmite san Pablo en 1 Corintios 11, 23-34. Y rezad unidos el Padrenuestro dando gracias a Dios por la eucaristía, el sacerdocio y el amor fraterno. Es muy sencillo, ¿verdad?

+ El viernes santo, si tenéis un crucifico, ponedlo en un sitio importante de la casa. Y, cuando paséis junto a él, miradlo con fe —sobre todo a las tres de la tarde, hora de su muerte— besadlo con devoción y dadle gracias porque ha muerto por vosotros. Sed agradecidos con quien se puso en nuestro lugar padeciendo la muerte. Leed algún pasaje de su pasión o el sencillo relato de su muerte y guardad un momento de silencio, como esos que acostumbramos a hacer cuando ocurre una tragedia ¿No os conmueve este regalo inmerecido?

+ El sábado santo, por la noche, encended una vela, como hacemos cuando nos quedamos sin luz eléctrica. Que os ilumine tembloroso ese cirio que ahuyenta la oscuridad. Somos cristianos, hijos de la Luz, Cristo es nuestra luz porque ha resucitado y ha vencido la muerte. Si os atrevéis, cantad el aleluya, porque es la Pascua del Señor, su paso por nuestras vidas.

Podéis pedir también a vuestros párrocos las sugerencias que nos llegan de la Conferencia Episcopal en este tiempo en que la liturgia ha quedado tan restringida. El Papa Francisco, además, nos ha regalado el don de la indulgencia plenaria que podemos alcanzar —enfermos, familiares, personal sanitario y cuantos no puedan asistir físicamente a la liturgia— participando a través de los medios de comunicación en alguna celebración, leyendo la Palabra de Dios o recitando —con un corazón convertido que rechaza el pecado— las oraciones clásicas (Credo, Padrenuestro, Salve o Avemaría). Con este gesto, el Papa quiere expresar que Dios nos abraza con su misericordia y nos otorga el perdón. Cuando acabe el confinamiento podremos confesar y comulgar haciendo efectiva sacramentalmente la gracia de su misericordia.

4. Hace días comunicaba oficialmente que la misa crismal ha sido aplazada. La Santa Sede ha dado facultad a los obispos para celebrarla en un día que sea posible reunir a la comunidad diocesana. Como sabéis, en esa misa se consagra el santo crisma, se bendicen los óleos de catecúmenos y enfermos y los sacerdotes renuevan sus compromisos sacerdotales. La importancia y significado de esta misa es tan grande que me ha parecido conveniente, en bien de toda la diócesis, trasladarla a la fecha que se comunicará una vez terminado el estado de alarma y el confinamiento. Será así una ocasión providencial para dar gracias a Dios por haber terminado este tiempo de prueba y celebrar con gozo la comunión diocesana. En esta misa, que rompe la austeridad cuaresmal y se celebra —si se puede— el jueves santo por la mañana, la comunidad cristiana desborda de gozo al festejar la gracia de los sacramentos, conferidos mediante el crisma y el óleo santo, y al unirse con los sacerdotes que renuevan sus compromisos de fidelidad a Cristo y a la Iglesia. No he querido celebrar tanta alegría en la soledad de la catedral sin la presencia de los presbíteros y del pueblo santo de Dios. Quiero que esta celebración nos convoque a todos, como pueblo santo que somos, para proclamar que, pasada la tribulación, Dios ha estado grande con nosotros y nos permite recuperar la alegría empañada por esta prueba cantando la victoria de Cristo sobre la muerte. El es el Viviente, el Primogénito de entre los muertos, el que enciende la esperanza en los hombres como hizo un día con los discípulos de Emaús.

Hermanos todos, sentíos acompañados por vuestro obispo. En cada eucaristía os tengo presentes y rezo especialmente por los enfermos y sus familias. Rezo con profundo dolor por quienes enterráis a vuestros seres queridos sin poder hacer el duelo que deseáis, y también por los ancianos de las residencias que teméis al contagio. ¡No temáis, desechad todo pensamiento que os agobie! Que el Señor os proteja de toda tribulación y María, nuestra madre piadosa, cuide de vuestras casas como cuidó la suya de Nazaret.

 

Con mi afecto y bendición.
César Franco. Obispo de Segovia.

 

 

Cortesía de la Asociación Sacerdote Rafael Matesanz Martín

  ANTE LA CRUZ

             

   Ya sé que no, Señor, que tanta muerte
no es el mensaje de tu Cruz alzada.
Ya sé que el sol se aloja en tu mirada
y tu palabra primaveras vierte.

   Pero este río de tu Sangre inerte
se hace voz incesante de cascada
y he de bañar mi carne mancillada
en tu fuego de amor, para quererte.

   Para quererte y estrenar la Vida.
Para verter mi sangre confundida
con tu Sangre de Dios en aventura.

   Ya sé que sí, Señor, que, poco a poco,
puedo volverme cuerdamente loco
en la dicha total de tu locura.

 

Rafael Matesanz

 Resumen biogáfico del autor D. Rafael Matesanz Martín 

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San Roque intercede por nosotros

 

POEMAS PARA EL ALMA

JUAN PABLO II, UN PAPA SANTO

XV ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE SAN JUAN PABLO II

Gracias, Señor, por mandarnos
- en los procelosos años
de unos tiempos tan mundanos-
un hombre grande y cercano,
padre para los nonatos,
defensor de los más bajos,
de los que sufren,retrato;
del joven abanderado,
de la familia abogado,
de la vida enamorado,
para la paz alegato,
estímulo en el trabajo;
paladín de los cristianos,
un líder de sus hermanos,
de alma y corazón marianos,
en las verdades preclaro
testigo privilegiado…
Gracias por un Papa santo:
¡Gracias, Señor, por Juan Pablo!


  José García Velázquez

 

¡QUÉ NOSTALGIA!

Con una insondable, inconmensurable añoranza, que me desborda el alma, escribo a la misma hora exacta en la que hace quince años San Juan Pablo II retornó a la Casa del Padre, aquel 2 de abril de 2005. Muy pocas veces en la historia del mundo tantos seres humanos han sentido juntos, llorando conmovidos en silencio, tanta orfandad espiritual.

Cuando se cumplían los primeros quince años de su pontificado, tuve la inmensa satisfacción profesional de coordinar los tres tomos de una obra coral: Del temor a la esperanza, título que quería resumir, en cinco palabras, la gigantesca tarea evangelizadora de aquel Papa Magno.

Las firmas más prestigiosas de la Iglesia universal, de la cultura, de la política, glosaban en aquellas páginas, maravillosamente ilustradas, el prodigioso quehacer de Karol Wojtyla, en aquellos quince años al frente de una Iglesia que, efectivamente, con él y gracias a él, había pasado del temor a la esperanza. Aún protagonizó casi otros quince años en los que, más prodigiosamente todavía, supo testimoniar, desde el testimonio del sufrimiento martirial, lo que hasta entonces había testimoniado con la palabra, con la oración y con la acción.

Hoy, quince años después de su retorno a la Casa del Padre -“Dejadme volver a la casa del Padre”, ¿recuerdan?-, es tanto lo que la Iglesia y el mundo le deben, que no sabe uno ni qué evocar: ¿su perdón incondicional a quien quiso asesinarle en la Plaza de san Pedro? ¿Su beso, de rodillas, a las tierras del más del centenar de países de los cinco continentes recorridos en los viajes pastorales que hizo, equivalentes a 29 vueltas al mundo? ¿El magisterio insuperable de sus encíclicas? ¿Su sonrisa y la alegría de su buen humor? ¿Su voz potente, prestada a Dios, para gritar, en la madrileña Plaza de Lima, contra el “abominable crimen del aborto”?

Su inagotable e irrepetible sintonía con los jóvenes, sus caricias a los enfermos, a los niños, a los ancianos? ¿Su condena del pecado desde su amor sin medida al pecador? ¿Su rabia contenida cuando, ya al final, no podía ni casi respirar, ni hablar desde la ventana de su apartamento? ¿Su grito a la Mafia: “¡Un día os llegará el juicio de Dios…”!? ¿Su felicidad esquiando, su plenitud en las cumbres nevadas, su paseo por los lagos de Covadonga o su abrazo al Pilar?
Sor Tobiana Tobotska, la superiora de las religiosas de la casa pontificia, que le cuidaba, le vio tan mal que no pudo menos de decirle: “Santo Padre, estoy muy preocupada por la salud de Su Santidad”; a lo que todavía fue capaz de responder: “Yo también, Hermana, yo también estoy muy preocupado por la salud de mi santidad…”


Recibía en audiencia a un obispo, ya fallecido también, que viéndole en las últimas le susurró: “Santo Padre, es la última vez que le pido su bendición”, a lo que, rápidamente, replicó: “¿Qué le pasa, monseñor, está enfermo”? En uno de los Sínodos que siempre presidía, el obispo alemán apellidado Marx, hoy cardenal que acaba de dejar la presidencia de la conferencia episcopal alemana, hablaba más de lo asignado a cada padre sinodal; le cortaron el micrófono y el Papa Juan Pablo ironizó, divertido: “El Sínodo ha logrado silenciar a Marx…”.

Se tronchaba de risa con los payasos, le encantaban, en Sevilla, las “sevillanas del adiós: Cuando un amigo se va…”. Le encandilaba cantar “Tú has venido a la orilla… Señor, me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre”. Estos días, circula por las redes su grito a los jóvenes chilenos: “El amor vence siempre, Dios siempre es mas fuerte”.

Recuerdan la fantástica homilía del entonces cardenal Ratzinger y enseguida su sucesor, en la Misa de exequias, ante dos millones de fieles (colas de ocho kilómetros para despedir al Papa Grande) aquella tarde helada, en la que un viento recio llenó toda la casa de la Plaza de San Pedro y hacía pasar las páginas del Evangeliario sobre el féretro del Papa? “In Paradisum deducant te angeli” (“Que los ángeles te lleven al Paraíso”) cantaba la Sextina, mientras doblaban las campanas de la Basílica y, en el tramonto romano, el triple ataúd adornado nada más que con su lema mariano Totus tuus, entraba para siempre en la Basílica, mientras lloraba lágrimas sinceras mucho más de medio mundo?

En aquella homilía, tan cortada por los aplausos de la multitud, el entonces cardenal decano Joseph Ratzinger terminaba diciendo: “Sin duda él, asomado a la ventana de la Casa del Padre, nos ve y nos bendice”. Quince años después de su regreso a aquella Casa, sin duda San Juan Pablo II, gigante del espíritu, nos sigue viendo en este momento en el que de la esperanza, el mundo ha pasado al temor; desde allí está viendo nuestro sufrir, él, experto sublime en sufrimiento (“No hay que bajarse de la Cruz”) y desde su imperecedero magisterio, nos dice lo esencial de su Palabra y de su Vida, de su herencia desde el primer momento: “No tengáis miedo. Abrid, de par en par, todas vuestras puertas a Cristo. Sobre todo, las puertas de vuestro corazón. No tengáis miedo…”

¡Qué nostalgia…!

Miguel Ángel Velasco

 

MEDITACIÓN PAPA FRANCISCO EN LA BENDICIÓN EXTRAORDINARIA URBI ET ORBI

27 DE MARZO, 2020

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EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

En tiempos de coronavirus hay una certeza: podemos ser humanos en el mejor de los sentidos. Y es que muchas veces usamos la expresión “es humano” para justificar ciertos comportamientos instintivos y negativos que, en todo caso, nos acercarían más a los animales. Lo humano es lo que precisamente nos distingue de ellos, lo que nos hace excelsamente superiores. Lo humano es ir a hacer la compra para dos semanas armado de mascarilla y guantes y hacer primero una parada en casa del vecino con problemas de movilidad para preguntarle si necesita algo, aunque signifique volver a casa aún más cargado de lo ya previsto. Humano es preocuparse por los ancianos y los grupos de riesgo antes que por uno mismo. Humano es coger el teléfono y dedicar tiempo a llamar a las personas que están solas o están pasando por un mal momento.

Humano es que una madre de familia numerosa saque tiempo para hacer un club de lectura a través de whatsapp con un cuñado sólo o una amiga lejana. Humano es renunciar a lo propio (dinero, tiempo, comodidad) sabiendo que no se te restituirá nada. Lo más humano es el amor. Y el amor es lo que nos hace grandes.

Y no quería finalizar esta reflexión sin llegar a la esfera más personal que en estos momentos nos une a todos. Hoy más que nunca nuestra vida es familiar, nuestra convivencia es constante. Pues es el momento del Amor. No sólo con el vecino del segundo, sino con el hermano que no soporto o el hijo que hace la enésima trastada (¡presente en esta casa!). Es el momento de cocinar, de limpiar, de ordenar, de jugar… y de hacerlo con más amor que nunca. Este aislamiento por coronavirus puede ser para nosotros una condena o una oportunidad. Podemos elegir. Es el momento de que se realice en nosotros poco a poco, sacrificio a sacrificio, una vida íntimamente excelsa, llena de pequeños actos “humanos”, llena de amor.

Sara Martín

 

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ORAR JUNTO A LAS IMÁGENES DE SAN MILLÁN

____________ Jesús Cano ___________

 

 

LA SOLEDAD AL PIE DE LA CRUZ
“Ahí tienes a tu madre” (Juan 19,27)

Esta imagen de la Virgen María se venera en la parroquia de San Millán, de Segovia, es Ntra. Sra. la Soledad al Pie de la Cruz. Es una talla policromada en madera de cedro y realizada por nuestro querido e insigne escultor segoviano D. Aniceto Marinas García, bautizado en la parroquia de San Millán. Hombre de fe y oración profunda, tuvo a bien regalar la imagen a nuestra parroquia en el año de 1930.
Al mirar esta obra de arte tan conmovedora nos quedamos inmediatamente atrapados por un sinfín de sentimientos humanos y religiosos que se desprenden de ella.
La imagen está llena de expresividad. El cuerpo está abatido, desmayado, apenas tiene fuerza para estar recostado sobre la cruz que la sostiene. Sus brazos y especialmente sus manos, debilitadas y cansadas, acompañan el ritmo dramático del cuerpo. Los párpados y los ojos entreabiertos muestran la angustia, la pena y la tristeza de una madre que ha perdido a su hijo único. La aflicción y la amargura de la Virgen son tan grandes que ni siquiera le quedan fuerzas para derramar lágrimas.
Este es el momento en que María recordaría la profecía de Simeón al presentar a su Niño en el Templo: “¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma!” (Lc 2,35). Sin duda es la espada del dolor. Este dolor atraviesa el alma entero de María que ha presenciado y vivido el ultraje y la muerte de un inocente: su hijo Jesús. Y es Jesús el que desde la cruz nos ha dicho: “Ahí tienes a tu Madre”. ¡Acógela en fe!

ORACIÓN

Oh Dios, te damos gracias por la Virgen María, la llena de gracia, la que concibió por el Espíritu Santo a su hijo Jesús.
En ella vemos a una Madre que ha sufrido lo indecible porque ha amado
hasta el extremo con el amor del corazón de su Hijo único.
Gracias, Madre, porque al contemplarte con fe,
mi alma rota de dolor se llena de tu compasión.
María, ante ti pongo mi corazón angustiado, sufriente y enfermo por tantas cosas de la historia de mi vida. Concédeme por tu intercesión que, al acercarme a ti y contemplarte en tu dolor, me llene del amor de Dios; y en los momentos de mi soledad acompáñame con tu paz y esperanza, hasta que un día pueda gozar de las alegrías del Cielo. Amén.

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CRISTO DE LA PAZ

Todo está cumplido(Juan 19,30)

Este Cristo de nuestra parroquia de San Millán, de Segovia, es el Cristo de la Paz. Es una talla policromada de finales del S. XIII. Le llamamos Cristo de la Paz porque al mirar su rostro muerto, se percibe la paz de aquel que ha completado la vida con entrega amorosa, en una obediencia fiel y absoluta al Padre hasta la muerte. Ya lo dijo Jesús a sus discípulos: “Yo he bajado del cielo para hacer, no mi voluntad, sino la del aquel que me ha enviado” (Jn 6,38). Su rostro nos inspira toda clase de confianza en la bondad de nuestro Padre Dios. Un rostro que parece esbozar hasta cierta alegría. La alegría y el gozo de haber cumplido todo en la vida. Y sus brazos extendidos parecen acogernos a todos e invitarnos a ir a él con aquellas palabras que el mismo dijo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados” (Mt 11,28).

Ciertamente, la imagen parece estar viva; a través de ella el Espíritu Santo nos habla y nos sobrecoge en el misterio de la muerte, y de la vida más allá de la muerte. Él, desde el presbiterio, nos preside siempre cada Eucaristía y nos recuerda el misterio de su muerte y nuestra muerte, pero siempre con serenidad y paz, la paz que viene de la gran esperanza en la vida eterna.

Oración
Padre Dios, te damos gracias porque un día tuviste a bien enviarnos a tu Hijo,
nacido de las entrañas de la Virgen María.
Gracias Jesús porque naciste, viviste y moriste en la pobreza más absoluta,
y esta pobreza se ha convertido para todos nosotros en riqueza de gracia y amor.
Jesús, que al mirar tu rostro con fe,
la paz que habita en tu alma venga a la mía.
La paz que brota de tu Espíritu de misericordia.

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SANTO CRISTO EN SU ÚLTIMA PALABRA

“Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23,46)

Este Cristo crucificado se encuentra en la parroquia de San Millán, de Segovia, es el Santo Cristo en su Última Palabra. Es una talla policromada en madera de cedro y realizada por nuestro querido e insigne escultor segoviano D. Aniceto Marinas García, bautizado en la parroquia de San Millán. Hombre de fe y oración profunda, tuvo a bien regalar la imagen a nuestra parroquia en el año de 1947.
La imagen representa aquella escena de Jesús agonizando en la cruz y pronunciando sus últimas palabras. El Evangelio lo escribe así: “Jesús, dando un fuerte grito, dijo: ‘Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu’ y, dicho esto, expiró”.

Realmente, es una escena conmovedora. Su vientre hacia dentro y la cavidad torácica repleta de aire, nos indican el último esfuerzo, el último aliento de vida para pronunciar la Última Palabra a su Padre. Es la entrega definitiva de su vida a Dios, y en la suya, también la nuestra.

Los ojos abiertos y vueltos hacia arriba se clavan en lo alto, en el cielo. Esta última mirada, compasiva y llena de inocencia, se convierte en el gesto supremo de amor del Hijo hacia su Padre. Los ojos de Jesús están expresando la oración más sublime que pueda hacer el hombre a Dios: entregar su vida a Aquel que se la dio.  

Nuestras miradas, unidas a la mirada de Jesús, se elevan confiadamente al Padre. Por eso, mirando al Hijo encontramos el consuelo y el amor divino para también, como Jesús, entregar libremente nuestra vida al Padre.

ORACIÓN

Padre Dios, te doy gracias porque entregaste a tu Hijo al mundo,
nacido de la Virgen María.
Jesús, en tu mirada, no veo condenación ni castigo alguno,
lo que veo es tu mirada limpia, pura y llena de amor y compasión,
por todo ello, gracias Señor.
Y, con la gracia del Espíritu Santo deseo, Señor,
que ahora y en el último momento de mi vida,
pueda mirar con tu mirada confiada a nuestro Padre Dios,  
e ir a su prometido y amoroso regazo eterno.  Amén.

 

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CONSEJOS PRÁCTICOS PARA REZAR EL ROSARIO TODOS LOS DÍAS, Y REZARLO MUCHO MEJOR

1. Tener el Rosario en el bolsillo.

2. Aprovechar el tiempo libre también para rezar.

3. Rezar mientras se hacen otras tareas o se hace deporte.

4. Las imágenes y la música ayudan.

5. Orar de rodillas o peregrinando.

6. Rezar con las Sagradas Escrituras.

7. Rezar con muchos rosarios distintos.

8. Vincular cada misterio a una intención.

9. Dedicarle el tiempo libre que se merece.

10. Saber rezar para alguien.

11. Hacer pausas para concentrarnos.

12. Dirigir nuestros pensamientos a los misterios.

13. Hacer de la oración un momento para compartir con Cristo.

 

 

BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN

El Papa reflexiona sobre la segunda bienaventuranzas: «Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados», que nos indica una actitud fundamental en la espiritualidad cristiana: el dolor interior que nos abre a una relación nueva con el Señor y con el prójimo.

Según las Sagradas Escrituras, este llanto tiene dos aspectos. El primero es la aflicción causada por la muerte o el sufrimiento de alguien a quien amamos. El segundo es un llanto por el dolor de nuestros pecados, provocado por haber ofendido a Dios y al prójimo.

El primer significado se refiere al luto, que siempre es amargo, doloroso, y que paradójicamente puede ayudarnos a tomar conciencia de la vida, del valor sagrado e insustituible de toda persona y de la brevedad del tiempo. El segundo sentido indica el llanto por el mal que hemos ocasionado, por el mal que yo hice, por el bien que no hice y por la deslealtad a la relación con Dios y con los demás; es un llanto por no haber correspondido al amor incondicional del Señor hacia nosotros, por no haber correspondido al bien que no quisimos hacer, por no haber querido a los demás. El dolor por haber ofendido y herido a quien amamos es lo que llamamos el sentido del pecado, que es don Dios y obra del Espíritu Santo.

 

 

DECÁLOGO DEL BUEN CRISTIANO

Sin ánimo de establecer una lista cerrada, proponemos reflexionar sobre diez cosas que quizá nos ayuden a que mi vida esté más llena de oración, sacramentos y ansias de agradar a Dios.

1.- Leer la Biblia: Diez minutos diarios. Con ella y leyendo buenos libros cristianos, cultiva tu personalidad. Así te instruirás cada día más en la Palabra de Dios.

2.- Orar todos los días a Dios 15 minutos: Alábale y dale gracias. Pídele por tus necesidades con fe. Implora la ayuda maternal de la Virgen María.

3.- Confesar tus pecados: Al menos una vez al mes para limpiar y sanar tu alma.

4.- Participar semanalmente de la Misa dominical y recibir a Cristo en la Santa Comunión.

5.- Santificar la vida en familia. Para ello mejora primero tu propia conducta hacia los tuyos. Cumple tus responsabilidades y reforma tu actitud según el ejemplo de Jasecristo y de sus mejores discípulos que fueron los santos.

6.- Ayudar a tu prójimo con amos cuando lo veas en necesidad. Brinda tu apoyo con generosidad, bondad y respeto. Armoniza sabiamente la ayuda material y la ayuda espiritual.

7.- Defender con valentía los principios cristianos cuando sean atacados o ridiculizados por la sociedad. No devuelvas los ataques, sino señala los males que se originan por vivir dejándolos de lado. Y resalta lo mejor que sería la vida si los cumpliéramos.

8.- Enseñar con la Biblia el mensaje de Cristo a quien no lo conoce. Haz lo que está a tu alcance para combatir la ignorancia espiritual de los católicos. Participa en la catequesis de tu parroquia.

9.- Asociarte y participar con regularidad en una comunidad cristiana parroquial. Promueve en ella el estudio de la palabra de Dios.

10.- Dar un buen testimonio de vida católica en todo momento, actuando cristianamente. Con la fuerza de Cristo resiste al pecado y procede rectamente. Viendo tu ejemplo, la gente buscará a Dios

 

                                                            

NUEVO ESTUDIO DE LA SÁBANA SANTA

La Sábana Santa de Turín es, desde hace siglos, fuente de polémica entre los que niegan su autenticidad y lo que creen que albergó el cuerpo de Jesucristo después de haber sido crucificado. Ahora, unmédico español se une a la discusión y sostiene que la imagen que aparece en la tela es la de un hombre vivo.

Según cuenta el doctor Bernardo Hontanilla, catedrático de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora de la Clínica Universidad de Navarra, ha publicado un estudio en la revista Sciencia et Fides,  que edita la Universidad de Navarra junto a la Universidad Nicolás Copérnico de Torun (Polonia), en el que analiza la Sabana Santa desde el punto de vista de un cirujano plástico, en contraposición de anteriores investigaciones forenses, hematológicas, textiles, químicas, biológicas e iconográficas.

En su estudio, Hontanilla asegura que la Síndone muestra a la vez signos de muerte como de vida de una persona que dejó su imagen impresa en un momento en el que estaba viva, algo que, en su opinión, es razonable, ya que si la Síndone cubrió el cuerpo de Jesús, aÉl le interesaría no solo mostrarnos los signos de la muerte, sino también de resurrección en el mismo objeto.

El catedrático, especializado en cirugía de la parálisis facial, ha analizado varios detalles de la postura del cuerpo impreso en la Sábana Santa tomando como referencia la reconstrucción en 3D del artista andaluz José Manuel Miñarro López. Así, según explica Hontanilla, todos los estudios realizados hasta la fecha se refieren a un cadáver. Se trata de estudios de medicina forense que describen que la postura fijada en la Síndone es típica de una rigidez post mortem, pero en realidad se trata del gesto habitual de una persona cuando está intentando levantarse partiendo de la posición decúbito supino (posición del cuerpo acostado mirando hacia arriba), asegura. Muestra a la vez signos de muerte como de vida de una persona que dejó su imagen impresa en un momento en el que estaba viva.

La hipótesis de Hontanilla también se apoya en el hecho de que cuando realizamos ese gesto de levantarnos, se produce un desplazamiento de las manos a los genitales al flexionar el tronco, una elevación y semiflexión de la cabeza y un apoyo de una planta del pie con menos flexión de la pierna contralateral y cierto grado de rotación interna como la figura observada en la Síndone. Para ello, tomó como referencia pruebas con sujetos varones de entre 30 y 40 años, con fenotipo atlético y de entre 1,70 y 1,80 metros de altura a los que les solicitó que se levantaran del suelo partiendo de la posición decúbito supino

Además, asegura que el rostro captado en la Sábana muestra los surcos nasogenianos y nasolabiales: La presencia de ambas marcas en la cara impresase asemeja más a la de una persona viva, ya que en un cadáver reciente la musculatura fácil se relaja y desaparecen los surcos. El experto confía plenamente en su diagnóstico: En el momento en que se imprime esta imagen, la persona está viva. Lo afirmo y defiendo científicamente donde sea necesario, concluye.

 

                                                                                                     

EL PADRENUESTRO EN ARAMEO, LA LENGUA DE CRISTO

Iglesia del Pater Noster (Jerusalén)

Abwoon d`bwashmaya, nethqadash shmakh. Teytey malkuthakh.
Nehwey tzevyanach, aykanna d`bwashmaya aph b`arha. Hawvlan
Lachma d`sunqanan yaomana. Washboqlan khaubayn aykaona daph
Khnan shbwoqan l`khayyabayn. Wela tahlan l`nesyuna: ela patzan min
Bisha, Amén

 

¿LA CIENCIA ALEJA DE DIOS? (pinchar video)

 

SOLIDARIDAD Y MEDIOS

ONG segoviana de Solidaridad Integral, fundamentada en el respeto a las personas a su dignidad y alos Derechos Humanos a través de los Medios de Comunicación Social. Visita su WEB: www.solidaridadymedios.org

 

 

PON "DE MODA" EL CRUCIFIJO


      
¡LLEVEMOS UNA CRUZ A TODAS PARTES!. 

¡SEAMOS VALIENTES!

 

                           

Historia de la Parroquia. Conócela pinchando en el link de las fotos inferiores de esta página de incio.

 

Nuestra página web es visitada por más de 28.000 personas al año.

 

Revista de la Catorcena 2019

Contiene interesantes artículos sobre la historia y patrimonio San Millán

(pichar aquí)

 

 

 

 

 

SIN TI NO HAY PRESENTE.
CONTIGO HAY FUTURO.

PDF LAS CIFRAS DE LA IGLESIA

 

 

LA SÁBANA SANTA SERÁ EXPUESTA EN 2020

La Sábana Santa será exhibida nuevamente en Turín, cinco años después de su última exposición  y considerada entre las más concurridas por los peregrinos de todo el mundo, unos dos millones aproximadamente.

El Arzobispo Monseñor Cesare Nosiglia fue el encargado de dar la noticia. El motivo de la Ostensión Extraordinaria de la Sábana Santa será la 43ª edición del Encuentro Internacional organizado - del 28 de diciembre de 2020 al 1 de enero de 2021 - por la Comunidad Ecuménica de Taizé que tendrá lugar en la ciudad italiana de Turín.

Por lo tanto, además de la "confirmación de un fuerte vínculo" con los hermanos del pequeño municipio francés, Monseñor Nosiglia anunció que la Sábana Santa será expuesta durante ese tiempo. Tal como el mismo Arzobispo señaló, Turín y la Comunidad Monástica Ecuménica tienen un vínculo que se extiende desde hace décadas.

Numerosos grupos de jóvenes van periódicamente desde el Piamonte y el Valle de Aosta a Taizé para participar en la "Peregrinación de confianza a través de la tierra". Igualmente son numerosas y significativas los encuentros de oración de Taizé en Turín, promovidos por la pastoral juvenil diocesana junto con el grupo "Turín encuentra a Taizé".

La Iglesia de Turín se está preparando para acoger a miles de jóvenes, tanto con la hospitalidad en las casas y comunidades, como con los talleres y las jornadas de trabajo. Igualmente, se ha programado un tiempo de contemplación de la Sábana Santa reservado a los jóvenes participantes del encuentro.

 

 LA JMJ DE 2022 SERÁ EN LISBOA

El Patriarca de Lisboa, el cardenal Manuel Clemente, afirmó que la Virgen de Fátima tendrá “un papel fuertísimo” en la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se realizará en Lisboa en el año 2022
"Este movimiento juvenil católico que vemos en Portugal, la devoción mariana, la devoción a Nuestra Señora de Fátima es muy fuerte”, detalló el cardenal de la capital portuguesa.
“De todas las revelaciones y manifestaciones de Nuestra Señora en la historia, la de Fátima está más ligada a los Papas, al ministerio del Papa y a todo aquello que se refiere a él. Todo esto confluye y va a ser muy bueno”, añadió.
Sobre lo que Portugal puede ofrecer en la JMJ de 2022, el Cardenal Clemente indicó que eso es “su propia juventud, porque si este evento va a darse en Lisboa, se debe también a la fuerza, a la voluntad, al deseo de la juventud católica portuguesa que está con un dinamismo misionero muy fuerte”.

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Confesiones
Todos los días media hora antes de cada misa y siempre que se solicite a los sacerdotes.
Otros actos litúrgicos

Adoración Santísimo Jueves 19:00

Rezo Santo Rosario Todos los días 19:30

 

 

 

Avda. del Acueducto 26. 40002 Segovia. Teléfono 921 463801