Horario de Misas

Diario: 10:30,20:00

Domingos y festivos: 10:00,11:30,12:30, 20:00

Atención Personalizada

En la iglesia o en la Casa de Piedra.

Acordar previamente la hora con nuestros párrocos:

Jesús Cano 609943401

Aimée Kukuluka 631165327

 

HISTORIA DE LA PARROQUIA DE SAN MILLÁN

 

 

   Queridos amigos internautas:

Nos ponemos en contacto con vosotros con el propósito de dar a conocer más el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Para ello, encontraréis en la página de inicio diversos enlaces que facilitan este cometido.
Los temas serán diversos dependiendo de muchos aspectos y circunstancias: sociales, culturales, religiosos… Esperamos y deseamos que sean del gusto e interés de todos.

Avda. del Acueducto nº 26 40002 Segovia

ACOMPAÑAMIENTO Y ATENCIÓN PERSONALIZADA:

 DIOS ES AMOR Y PAZ

ACORDAR PREVIAMENTE LA HORA PARA EVITAR ESPERAS.

SACERDOTE:

D. Jesús Cano Arranz: 609 943 401

 

 

En la hoja parroquial "Juntos" podrás conocer todas las actividades de la parroquia.

PICHAR EN IMAGEN

 

MEDITACIÓN DIARIA

En este enlace encontrarás  la meditación  diaria de la página "Hablar con Dios", que te puede servir para hacer esos 10 ó 15 minutos diarios de oración, tan aconsejables.

http://www.hablarcondios.org/meditaciondiaria.asp

Te sugiero esta oración introductoria y final:

ORACIÓN INTRODUCTORIA
 Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves que me oyes Te adoro con profunda reverencia, te pido perdón por mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración.Madre mía Inmaculada, S. José mi padre  y señor, ángel de mi guarda interceded por mí.

 ORACIÓN FINAL
 Te doy gracias Dios mío por todos los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, S. José mi padre y señor, ángel de mi guarda interceded por mí.

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CRISTO DE LA PAZ

Todo está cumplido(Juan 19,30)

Este Cristo de nuestra parroquia de San Millán, de Segovia, es el Cristo de la Paz. Es una talla policromada de finales del S. XIII. Le llamamos Cristo de la Paz porque al mirar su rostro muerto, se percibe la paz de aquel que ha completado la vida con entrega amorosa, en una obediencia fiel y absoluta al Padre hasta la muerte. Ya lo dijo Jesús a sus discípulos: “Yo he bajado del cielo para hacer, no mi voluntad, sino la del aquel que me ha enviado” (Jn 6,38). Su rostro nos inspira toda clase de confianza en la bondad de nuestro Padre Dios. Un rostro que parece esbozar hasta cierta alegría. La alegría y el gozo de haber cumplido todo en la vida. Y sus brazos extendidos parecen acogernos a todos e invitarnos a ir a él con aquellas palabras que el mismo dijo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados” (Mt 11,28).

Ciertamente, la imagen parece estar viva; a través de ella el Espíritu Santo nos habla y nos sobrecoge en el misterio de la muerte, y de la vida más allá de la muerte. Él, desde el presbiterio, nos preside siempre cada Eucaristía y nos recuerda el misterio de su muerte y nuestra muerte, pero siempre con serenidad y paz, la paz que viene de la gran esperanza en la vida eterna.

Oración
Padre Dios, te damos gracias porque un día tuviste a bien enviarnos a tu Hijo,
nacido de las entrañas de la Virgen María.
Gracias Jesús porque naciste, viviste y moriste en la pobreza más absoluta,
y esta pobreza se ha convertido para todos nosotros en riqueza de gracia y amor.
Jesús, que al mirar tu rostro con fe,
la paz que habita en tu alma venga a la mía.
La paz que brota de tu Espíritu de misericordia.

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POEMAS PARA EL ALMA

OCTUBRE, MES DEL ROSARIO

Octubre, mes del Rosario:
las cuentas de los Misterios
vas recitando a dïario
como salmos del Salterio.
Misterios de amor y gozo,
de luz y de salvación,
dolorosos y gloriosos,
vividos con devoción.

Tras de cada Padrenuestro,
decenas de avemarías
vuelan llevando hasta el cielo
peticiones y alegrías.
Al entonar cada Gloria,
que ensalza a la Trinidad,
vuelve a mezclarse la historia
con ecos de eternidad.

Después llegan los piropos:
son las palabras que salen
del corazón de amor loco
del hijo para la Madre;
pues es cada letanía
una locura de amor
escrita para María
por ser la Madre de Dios.

Tus rezos son como flores
que van adornando el mes,
como esos bellos colores
que ahora en los árboles ves.

 José García Velázquez

 

FE Y PERSEVERANCIA

En el evangelio de este domingo, Jesús cuenta la parábola del juez inicuo que no quería atender las quejas de una viuda que acudía a él para que la defendiera de sus enemigos. Harto de escuchar los lamentos de la pobre mujer decidió atenderla, no tanto movido por la justicia, cuanto para evitar que, al no ser acogida, terminara por pegarle en la cara. El evangelista dice claramente cuál es la intención de la parábola: animar a los discípulos a orar sin desfallecer, pues si el juez inicuo termina haciendo justicia, Dios, que es sumamente justo, escuchará las súplicas de quienes acudan a él.

Recordarán los lectores que, en domingos anteriores, hemos comentado una parábola muy parecida a ésta: la del amigo inoportuno, que, a fuerza de insistir, consigue el favor que quiere. Jesús utiliza situaciones de la vida ordinaria para explicar su doctrina sobre los diversos aspectos de la vida moral. La parábola de hoy se cierra con unas palabras de Jesús que intentan ponernos en guardia contra uno de los peligros más frecuentes de la vida cristiana. Después de afirmar que Dios escuchará a quienes griten a él día y noche y les hará justicia sin tardar, Jesús termina con esta pregunta: «Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?». Por la retórica de su discurso, Jesús da a entender con esta pregunta que el hombre está amenazado de perder la fe, si no es perseverante en la oración. En otro pasaje del evangelio de Lucas, Jesús dice abiertamente: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas» (Lc 21,19).

Perseverar no es fácil. El hombre tiene un corazón inconstante y cambiante, según dice la Escritura. Y esta falta de perseverancia se hace más notable en la vida espiritual, y, especialmente, en la determinación de practicar la oración. En el libro de su vida, santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, habla de las dificultades que experimentaba ella para ser fiel a Dios en la oración. Siempre tenía alguna excusa para dejarla: atender a otras necesidades, dedicarse a ocupaciones más satisfactorias o simplemente acortar el tiempo de la oración cuando se le hacía cuesta arriba. Hasta que Dios le hizo entender que por este camino nunca llegaría a la perfección que aspiraba. Fue entonces cuando esta maestra de oración se comprometió «con determinada determinación» a ser fiel a Dios en la oración diaria.

Muchos cristianos no llegan a la madurez espiritual por esta falta de perseverancia en la oración, que consiste, como dice también santa Teresa, en «tratar de amistad con quien sabemos que nos ama». Sin oración es difícil descubrir la voluntad de Dios sobre uno mismo, y es más difícil aún que, una vez descubierta, pueda perseverar en ella superando los constantes reclamos de una cultura enferma de hiperactivismo. Si no damos tiempo a Dios en nuestra vida, si no le dejamos entrar hasta en los últimos rincones de nuestra morada interior, Dios terminará siendo insignificante y, tarde o temprano, perderemos la fe. A eso se refiere Jesús con su pregunta retórica: «Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

La perseverancia se alimenta, no sólo de la determinación de la propia voluntad, sino de la conciencia de nuestra propia debilidad, es decir, de la humildad. Sólo quien tiene conciencia clara de su pobreza, acudirá, con súplicas ardientes, de día y de noche, como la viuda del evangelio, a quien puede hacerle justicia frente a sus enemigos. Y permanecerá insistiendo hasta que se abra la puerta del único que puede darnos la perseverancia en la fe. Por eso, la Iglesia se reúne todos los días en oración, consciente de que sólo así, cuando el Señor vuelva, la encontrará en vela esperando la salvación.

+ César Franco
Obispo de Segovia

 

Diecinueve consejos prácticos para rezar el Rosario todos los días, y rezarlo mucho mejor.

A los cristianos suele costarles la fidelidad a la costumbre de rezar el rosario, ya sea por sobrecarga de otras ocupaciones o porque flaquea la voluntad ante las previsibles distracciones o tentaciones de dejarse caer en el tedio. Para superar esos obstáculos, podemos tener en cuenta estos diecinueve consejos prácticos:
1. Tener el Rosario en el bolsillo
Todo católico debe tener siempre un Rosario en su bolsillo. Existe también la decena con sólo diez cuentas y que se puede llevar fácilmente encima. Siempre que cojas un pañuelo o una llave antes de salir de casa, recuerda también llevar el Rosario de Jesús y María.
2. Aprovechar el tiempo libre también para rezar
En la vida cotidiana siempre hay un “tiempo libre” que podemos aprovechar para rezar el Rosario: cuando esperamos en la consulta del médico, en el autobús, o una llamada importante, entre otros. Y si por alguna razón una persona no desea mostrarse en una “sala de espera” como católico practicante, también puede utilizar sus manos: tenemos diez dedos para contar las Avemarías.
3. Rezar mientras se realizan otras tareas o se hace deporte
Muchas actividades no requieren pensar mucho, porque las hacemos mecánicamente. Cuando se pica la cebolla, se tiende la ropa o se lava el auto también se puede rezar el Rosario. Así como cuando las personas que se aman piensan en el otro sin importar la actividad que realicen, el Rosario ayuda a permanecer en sintonía con el corazón de Jesús y María. Esto también funciona mientras haces deporte: correr, andar en bicicleta o nadar son actividades en las que se puede rezar el Rosario al ritmo de la propia respiración (ya sea de forma interna o en voz alta si estás solo en un campo abierto).
4. Las imágenes y la música ayuda
El Rosario es una oración contemplativa. Más importante que las palabras que usemos, es la predisposición de nuestro corazón para contemplar cada uno de los misterios. Para este propósito se puede buscar en Internet cinco imágenes que nos ayuden a contemplar cada pasaje de la vida Cristo y María. Por otro lado, la música también puede ser útil si se escucha en un segundo plano para encontrar paz.
5. Canalizar nuestras distracciones para rezar
Es difícil una oración en la que no surjan distracciones. Una y otra vez los pensamientos vienen a nuestra mente: la lista de compras, el cumpleaños de un amigo, una enfermedad o una preocupación. Si luchamos contra ellas en la oración, a menudo es peor. Es mejor reunir estas “distracciones” y rezar un Avemaría por las personas, por los amigos y familiares, por uno mismo y los propios problemas. De este modo la oración se hace sincera y personal.
6. Rezar por los demás mientras nos desplazamos
En el camino al trabajo o a la escuela, ya sea en auto o en bus, en tren o caminando, es posible rezar el Rosario sin bajar la cabeza y cerrar los ojos. Rezar mientras nos desplazamos significa dedicar los Avemarías a las personas con las que hemos establecido contacto o visto durante el día; también por las empresas e instituciones que están en mi camino. Por ejemplo, si veo a un médico en mi camino puedo rezar por las personas que atenderán sus enfermedades con él.
7. Orar de rodillas o peregrinando
El Rosario puede rezarse siempre y en todo lugar. A veces, cuando se reza de rodillas o se peregrina se puede llegar a sentir como un “reto físico”. Sin embargo, no se trata de “torturarse” o aguantar el mayor tiempo posible, sino de tener en cuenta que tenemos un cuerpo y alma para adorar a Dios. Por lo tanto, el rosario es también una oración de peregrinación.
8. Rezar con las Sagradas Escrituras
El Rosario es “el Evangelio en una cadena de perlas”. Es bueno, y hay muchos libros y escritos útiles para ello, vincular cada Misterio a la lectura de un pasaje de las Sagradas Escrituras. La Palabra de Dios es poderosa. Y esto nos sirve también para aprender de memoria muchas citas de la Biblia.
9. Rezar con muchos Rosarios distintos
La mayoría de los católicos tenemos muchos Rosarios distintos, y cada uno de ellos nos deja una impresión distinta al rezarlo por su color, forma, tamaño, peso… y también por los recuerdos vinculados al momento en el que lo recibimos o la persona que nos lo dio. En particular, rezar con un Rosario viejo y desgastado por el uso de padres o abuelos nos une espiritual y afectivamente a ellos.
10. Vincular cada misterio a una intención
No siempre se tiene que rezar el Rosario de corrido. A menudo puede ser útil vincular cada misterio con una preocupación particular: mi madre, un amigo, el Papa, los cristianos perseguidos. Cuanto más específico sea, mejor. La alabanza y dar gracias a Dios no deben tampoco estar ausentes.
11. Rezarlo en momentos de sequía espiritual
Los cristianos no somos “yoguis” que debemos cumplir con prácticas ascéticas para “vaciar” nuestra mente. Si bien nuestra relación con Dios está por encima de cualquier actividad, hay también momentos de sequía y aflicción en los que no se puede orar. En estos momentos difíciles, tenemos que recogernos con el Rosario y simplemente recitar las oraciones. Esto no es una charla pagana, sino que aquella pequeña chispa de buena voluntad que ofrecemos a Dios, puede fomentar que el Espíritu Santo avive la llama de nuestro espíritu. En tiempos difíciles, incluso puede ser suficiente sostener el Rosario sin pronunciar una palabra. Este estado desdichado ante Dios y su madre se convierte en una buena oración y ciertamente no se queda sin respuesta.
12. Dormirse rezando el Rosario
El Rosario no debe estar solo es nuestro bolsillos, sino en cada mesita de noche. Cuando se intenta conciliar el sueño también se pueden rezar Avemarías y es mejor que contar ovejas. En ocasiones solo las personas mayores y enfermas se “aferran” al Rosario por la noche, buscando seguridad, fortaleza y consuelo. Pero también en los buenos tiempos se debe recurrir a esta oración y pedir especialmente por aquellos que sufren.
13. Dedicarle el tiempo que se merece
Nuestras agendas están llenss de citas. Sin embargo, es bueno reservar entre 20 y 30 minutos al día para el rezo del Santo Rosario. Este encuentro con Jesús y María es verdaderamente más importante que las demás actividades agendadas. Este tiempo de oración se reserva finalmente para uno mismo porque es un tiempo en el que debemos dedicarnos solo a amar. También se puede reservar dos o tres días de la semana para el rezo del Rosario, y de esta forma se hará cada vez más fácil hacer esta oración, hasta finalmente practicarla todos los días.
14. Saber que rezas para Alguien
Una buena oración se basa en orientar completamente la voluntad en complacer a nuestro querido amigo, Cristo, y no a uno mismo.
15. Hacer pausas para concentrarnos
San Ignacio de Loyola recomienda la llamada “tercera forma de rezar”, adaptando las palabras al ritmo de la propia respiración. A menudo es suficiente interrumpir un misterio del Rosario para volver a ser conscientes de que Jesús y María nos miran llenos de alegría y amor. Para esto puede ser útil respirar dos o tres veces, antes de volver a retomar la oración.
16. Dirigir nuestros pensamientos a los misterios
Se puede y se debe “desviar” los pensamientos para encontrar el misterio que debemos visualizar en nuestra mente antes de cada decena del rosario. Es poco probable que la repetición sea útil si no se encamina reiteradamente hacia lo esencial, que es la vida de Jesús y María.
17. Hacer de la oración un momento para compartir con Cristo
Uno de los primeros y más importantes pasos hacia la oración interior es no solo dedicarnos a pensar y meditar, sino mirar a quién va dirigida nuestra plegaria. Saber que Aquel a quien nos dirigimos nos ama infinitamente despertará en nosotros diversos y espontáneos sentimientos, al igual que cuando disfrutamos y nos alegramos con una persona que nos importa mucho.
18. Cerrar los ojos o simplemente fijarlos en un solo lugar
Algunas personas cierran los ojos con el fin de concentrarse y rezar mejor. Eso puede ser una ayuda, pero a menudo es suficiente fijar la vista en un solo lugar y evitar mirar alrededor. En cualquier caso, es importante que los ojos del corazón estén siempre abiertos. El Rosario es como ir al cine. Se trata de ver imágenes. Algunas preguntas básicas pueden ser de utilidad: ¿Qué, quién, cómo, cuándo, dónde? Cómo veo el nacimiento de Jesús, su crucifixión, su ascensión… A veces puedo –como si tuviera una cámara– acercar elementos o detalles y buscar un primer plano: la mano de Cristo traspasada por los clavos, las lágrimas en los ojos del apóstol Juan mientras el Señor asciende al cielo, etc.
19. Que la intención de rezar siempre sea el amor
Las palabras acompañan, nuestra mente se dispone, pero es nuestro corazón el que debe dominar la oración. Todos los grandes escritores espirituales concuerdan en que la oración interior afecta principalmente nuestros sentimientos y emociones. Santa Teresa de Ávila lo explica de manera simple: “¡No pienses mucho, ama mucho!”. En una ocasión, una anciana me contó que no podía pensar en rezar el Rosario todos los días, pero lo único que le alcanzaba era decir interiormente: ‘¡Jesús, María, os amo!’. Felicito a esa mujer. A tal resultado es adonde el rezo del Rosario debe llevar.

 

OCTUBRE MISIONERO

El Papa Francisco ha pedido a toda la Iglesia vivir este mes de octubre con  un especial espíritu misionero, para conmemorar el centenario de la carta apostólica Maximun illud del papa Benedicto XV. Durante este mes la oración, la reflexión y la actividad apostólica deben ayudarnos a vivir como enviados por Cristo a proclamar la buena nueva de la salvación.

La misión de la Iglesia ha nacido de la voluntad expresa de Cristo. Desde el inicio de su ministerio público, Jesús declara que ha venido a anunciar el Reino de Dios invitando a los hombres a acogerlo y a vivir bajo su gracia y poder. Jesús anuncia la salvación, no sólo a las ovejas de Israel, sino a los pueblos paganos que son invitados a conocer al único y verdadero Dios. Antes de subir a los cielos, Jesús deja a sus discípulos la tarea de enseñar y conservar sus enseñanzas y de bautizar en el nombre de la Trinidad. La evangelización no es sólo anuncio, sino realización de la salvación de Cristo a través de los sacramentos instituidos por él.

La misión de la Iglesia es tarea de todos los bautizados. Desde el Concilio Vaticano II, se ha ido tomando cada vez más conciencia de que cada bautizado es un obrero de la viña del Señor y no puede permanecer ocioso, como dice san Juan Pablo II en Christifideles Laici. Al final de sus días este Papa repetía con insistencia que la Iglesia del siglo XXI se definía con la palabra «misión». Y afirmaba en su encíclica Redemptoris Missio que, a pesar de los veinte siglos de cristianismo, estábamos como en el inicio de la misión. Cualquiera que mire con realismo a su alrededor comprenderá las proféticas palabras de este gran Papa. Tanto en los países de vieja cristiandad como en los recientemente evangelizados, la misión es la primera urgencia de la fe. «Auméntanos la fe», dicen hoy a Jesús sus discípulos. Necesitamos que el Señor aumente la fe para llevar adelante la evangelización. Si los testigos no estamos convencidos de lo que confesamos, ¿cómo podremos transmitirlo? La Iglesia viene padeciendo una profunda crisis de fe que la hace especialmente vulnerable. En el sínodo sobre Europa se habló de «apostasía silenciosa» de quienes abandonan la Iglesia, aunque no haya apostasía formal. Sabemos además que en muchas familias cristianas no se inicia en la fe, ni se ora en común, dándose así el drama señalado por Concilio Vaticano II de la separación entre fe y vida. Dios ha dejado de ser significativo en una sociedad donde los creyentes no sabemos —o no queremos— dar razón de nuestra fe.

La misión, por tanto, tiene como primera exigencia la conversión de quienes somos enviados. Es urgente recuperar la alegría del evangelio, como nos recuerda el papa Francisco. Sólo quien vive la alegría de ser amado y redimido puede ser un testigo creíble. La fe no es una herencia muerta, sino un depósito vivo. Por esta razón, san Pablo recuerda a Timoteo que Dios no le ha dado un espíritu cobarde, sino de energía, amor y buen juicio. Y le exhorta a no tener miedo de dar la cara por Cristo y a participar en los duros trabajos del Evangelio. Evangelizar no es fácil, pero tampoco es misión de superhombres. En realidad, como dice Jesús, «somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer». Se trata de ponerse al servicio de Cristo, convencidos de que él es el Salvador. Quien arriesga su vida por él, dado que él la entregó por nosotros, pierde todo miedo y respeto humano, todo temor a ser rechazado. El cristiano vive así en la gratuidad de dar lo que él ha recibido gratis. La misión es la consecuencia de su fe viva y activa en el Señor que le lleva a comprometerse en los duros trabajos del evangelio, consciente de que la mayor carga la ha llevado Cristo.

+ César Franco
Obispo de Segovia

 

DIOS ES AMOR

Queridos amigos: gracia y paz en el Señor.

De nuevo me pongo en comunicación con todos vosotros para seguir compartiendo la vida y la fe. Ambas cosas son inseparables.

El título de la carta, como habéis podido leer es: DIOS ES AMOR. Son tres palabras que están en la Biblia, lo que los cristianos llamamos Palabra de Dios o Sagradas Escrituras.

Para comenzar, tendríamos que preguntarnos a nosotros mismos cómo concebimos a Dios. Es decir, ¿cómo veo yo a Dios? ¿Cómo creo que es Dios para mi vida? ¿Cómo entiendo yo a Dios? ¿Es un Dios lejano, extraño, vengativo, malo, justiciero...? ¿Quién es Dios y cómo es?

De esto, precisamente, es de lo que quiero compartir. Y para responder a las preguntas formuladas y las vuestras, nada mejor que recurrir a la misma Palabra de Dios.

Supongo que a todos, cuando éramos pequeños, nos han hablado de Dios. Y casi, sin dudar, nos han dicho frases como estas: “Tienes que amar a Dios”, “tienes que obedecer a Dios”, “tienes que cumplir estos mandamientos”, “Dios te castigará si no le haces caso”. En fin, estas y otras fórmulas similares se nos han dirigido creyendo que así conoceríamos mejor a Dios. Por supuesto, que no se trata de culpabilizar a nadie. Así nos educaron y punto. Sin embargo, lo que nos dice el mismo Dios en su Palabra es diferente.

Fijaos bien, lo que dice este texto de la primera carta de San Juan:“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo” (1 Juan 4,10 y 19). Esto es precioso y maravilloso, queridos amigos. Lo primero de toda la Biblia es decirnos que Dios nos ama primero, y no en que nosotros le amemos a Él. ¿Os dais cuenta de este detalle? El amor de Dios consiste en que él nos amó primero. Dicho de otro modo, Dios no está esperando a que nosotros le amemos. Él nos ama desde siempre, desde toda la eternidad. En nuestro corazón debería estar bien incrustado este pensamiento de Dios acerca de nosotros: ÉL NOS AMÓ PRIMERO.

Y, ¿sabéis porqué nos amó primero? Pues muy sencillo: porque DIOS ES AMOR (1Jn 4, 8 y 16). Dios es amor. Hay que repetirlo muchas veces para que esta gran verdad de Dios se haga experiencia de vida en nuestros corazones. Dios no puede ser otra cosa, sino AMOR. Dios es esencialmente AMOR. Dios no quiere tu mal, ni tu sufrimiento, ni nada que pueda destruirte; pero de esto hablaremos en otro momento.

Dios es amor, es una frase que está presente a lo largo de toda la Biblia, es decir, del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Es como la columna vertebral que sustenta la vida y la historia de Dios con su pueblo Israel, después con la venida de su Hijo, Jesucristo, y finalmente con la Iglesia. Dios es amor, no me cansaré de repetíroslo.

Termino con una frase preciosa del Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en él tenga vida eterna” (Juan 3, 16).

Seguiremos hablando del apasionado amor de Dios por nosotros

Hasta otra, recibid un abrazo cariñoso de vuestro sacerdote.

Jesús Cano

 

O AMOR O INFIERNO, TÚ DECIDES


No creen en el Infierno porque no quieren seguir a los agoreros, o porque hablan de un amor sin responsabilidad, eso es, desgajado de sus obligaciones. Un amor de conveniencia, aquel que me sirve para servirme del otro, y no más.

Seguir a los agoreros, en efecto, es la ruina, y aleja de las verdades positivas que brotan del mundo creado. No olvidemos que, como afirma el filósofo Ricardo Yepes Stork, “la verdad es universal, pero no absoluta.

En efecto, la Naturaleza, en sentido amplio, nos habla. De Dios, del hombre y de las cosas.

Si convenimos en que existe el demonio, tenemos que aceptar que existe el Infierno. Si no, ¿dónde pretendemos ubicar al demonio? ¿En el cielo? ¡Al Infierno con él y sus secuaces! ¡Maldito es!

Así que ¿existe el Infierno? Por fe, creemos lo que nos ha afirmado Jesucristo en toda su predicación; pero no tendremos la certeza, como ocurre con todo, hasta la otra vida, cuando ya hayamos asumido nuestro cuerpo inmortal. El tiempo de arrepentimiento es ahora, en esta vida mortal, temporal; la otra ya es espiritual y eterna. Por eso no debemos permitirnos ni un desliz en el tiempo de prueba. “Ya me confesaré cuando me muera; de momento, ¡vivo!”, afirman los pretenciosos. Olvidan que con Dios no hay pretensiones que valgan, ni la inconsciencia, hipocresía o tontería que conllevan. ¡Que Jesucristo Rey no nos sorprenda!

Sí. Solo tenemos esta vida para merecer. En la otra, tendremos la paga. Luchemos para que, cuando lleguemos, “el dueño de la casa” no nos responda: “¡No sé quiénes sois!”, “¡No os conozco!” (Lc 13,27). Ahí, aseguró el Papa, “los títulos no cuentan. El Señor nos reconocerá solo por una vida humilde, una vida buena, una vida de fe que se traduce en obras”, lo que San Pablo llama “la buena batalla de la fe” (1 Tim 6, 11-16). Señaló que no es fácil, porque “se necesita esfuerzo de todos los días, de todo el día” para “amar a Dios y al prójimo” (alocución del Papa Francisco en el Ángelus del 25 de agosto de 2019).


Nosotros, los que intentamos vivir fieles a la Verdad, debemos perseverar amarrados a Dios y su Providencia, seguros de que en su momento, Jesús actuará en favor nuestro. Lo sentencia categóricamente la Asociación Internacional de Exorcistas en un comunicado. “El Evangelio, de hecho, describe la obra de Jesús como una lucha contra Satanás” que, como enseña la Iglesia, “primero fue un ángel bueno, creado por Dios”, pero “el poder de Satán no es infinito. No es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificación del Reino de Dios”. Ya ves. ¡No puede! ¡Tú sí le puedes, si te aferras a la mano de Dios! Tú decides si poner Amor o vivir un Infierno anticipado. La moraleja es clara: ¡ponte a construir! ¿Cómo? Con Amor: eso es, con confianza. ¡Tú puedes! Y el resto se andará.

Jorge María D´Arquer

ESTACIÓN FINAL


El “debate” sobre la eutanasia que se está abriendo tiene, como todos los “debates” que se suscitan en Occidente, un final cantado. Todas las legislaciones de los países occidentales incorpo­rarán, de aquí a unos pocos años, el sarcásticamente llamado “derecho a una muerte digna”, que con el tiempo –de forma progresiva y sibilina, siempre engalanada con los disfraces de una falsa “compasión”– se impondrá como un instrumento formidable para el exterminio de enfermos y ancianos enojosos.

La imposición de la eutanasia nos sirve para reflexionar sobre las consecuencias del liberalismo, la ideología mefítica que muchos católicos panolis siguen abrazando, pensando –risum teneatis– que así frenan el advenimiento del comunismo. Pero el enemigo del orden cristiano por excelencia no es otro que el liberalismo, que introdujo en el ámbito católico la idea más nefanda de cuantas el hombre haya podido concebir, inspirada por aquel que dijo: “Non serviam”.

Dicha idea no es otra que la libertad desligada de la verdad, la libertad que se revela contra la ley divina y natural (o sea, contra la naturaleza humana), la libertad sin responsabilidad, la libertad que convierte a los seres humanos en criaturas débiles, esclavas de sus caprichos, arrojadas a un torbellino de apetencias contingentes que los devora y hace trizas.

La libertad del liberalismo, que nos promete convertirnos en soberanos de nuestras decisiones (¡autonomía de la voluntad!), es la forma más aberrante y a la vez seductora de envilecimiento (y las consecuencias de ese envilecimiento las vemos por doquier, lo mismo en los abortorios que en los pasacalles orgullosos). Solo que el liberalismo, en su afán por destruir el orden cristiano, quiso que ese sórdido envilecimiento que procura su libertad recibiese el nombre de “dignidad humana”.

Para el liberalismo, el hombre no es digno cuando obedece la ley divina y natural (cuando obedece su naturaleza) haciendo cosas dignas, sino que califica de “dignas” las cosas más indignas, la monstruosidades y caprichos variopintos inspirados por una libertad desembridada, codiciosa de satisfacer todos sus apetitos.

Resulta, en verdad, paradójica la estación final a la que nos conduce esa libertad hedionda consagrada por el liberalismo. El hombre engreído que ha renegado de su naturaleza y de Dios acaba solicitando… ¡que lo maten cuando ya no se siente sano!

Así, la libertad del liberalismo acaba delatando su fin último, que no es otro sino la destrucción del hombre, al que primeramente ha despojado de Dios y privado de su naturaleza, para arrastrarlo hasta un vacío perfumado por el disfrute de placeres plebeyos que, sin embargo, en cuanto aparece en escena el sufrimiento, se convierten en desesperación y angustia. He aquí la estación final a la que conduce la libertad del liberalismo: a una autonomía de la voluntad que se autodestruye, o que reclama que la destruyan.

Pero esta ideología execrable reservaba para sus adeptos una ironía final. El liberalismo supo engatusar a los cretinos haciéndoles creer que, en el mundo regido por la libertad individual, sería eliminado el Estado “intervencionista”. Ahora, ¡oh sorpresa!, descubrimos que, en este viaje hacia el corazón del horror en el que nos embarcó el liberalismo, es el Estado el que se halla al final del túnel. Pues resulta que será el Estado “intervencionista” el que nos administre la muerte “digna” que reclama nuestra libertad soberana. ¿Cabe ironía más cruel y ensañada?

Con razón escribía Bloy que el diablo es un magnífico ironista; y que en el infierno los condenados tendrán que reírle las gracias durante toda la eternidad. Ya empezamos a reírselas hoy, mientras se abre el “debate” sobre la eutanasia.

José Manuel de Prada

UNA VIDA DISOLUTA CONDUCE A LA PERDICIÓN ETERNA


Recibimos la incitación permanente a “vivir bien”, entendiendo por ello una vida regalada en la que no nos falte de nada y en la que estén satisfechas todas nuestras apetencias. Nos lo dice el mundo de nuestro entorno, nos lo pide el cuerpo, y nos lo sugiere de una u otra manera el mismo demonio. Y por esa vida optó el personaje del relato evangélico de este domingo, Epulón el rico (Lc 16,19-31). Vestía refinadamente y banqueteaba a diario, se daba a la buena vida. A su lado estaba el pobre Lázaro, enfermo y hambriento, que ni siquiera podía saciarse de lo que le sobraba al rico.

La primera desgracia del rico Epulón es la de plantear la vida para disfrutar de todos sus placeres. Y los placeres de esta vida se acaban antes o después, no son eternos. De ello tendremos que dar cuenta ante Dios. Y la otra desgracia de Epulón es la de haber cerrado su corazón a las necesidades de los pobres de su entorno, no había percibido la pobreza de Lázaro, y eso que lo tenía a la puerta de su casa. Se había ido estrechando cada vez más su capacidad de amar.

La vida que continúa después de la muerte pone las cosas en su sitio, y a la luz de esa última realidad hemos de vivir la vida presente. Sucedió que ambos murieron y Lázaro fue a gozar de Dios para siempre, mientras que Epulón sufrió los tormentos que él mismo se había fraguado en su vida terrena. Porque el infierno no es castigo independiente de esta vida terrena. El infierno consiste en no poder amar. El corazón humano que está hecho para amar y ser amado se encuentra con que se le han cerrado todas las posibilidades, y ese será su tormento eterno, no poder amar aunque quiera y no poder ser amado por nadie.

Varias lecciones nos da Jesús con esta parábola. En primer lugar, que la vida no es para disfrutarla sin medida. Estamos hechos para la felicidad, sí; pero no para esa vida sensual, que nos va disolviendo en vez de construirnos. Pasarlo bien, disfrutar de los placeres de este mundo, darse la “buena vida” no conduce a nada bueno, además de que crea adicciones insaciables. Al contrario, nos va cerrando el corazón y no va haciendo incapaces de amar. Por el contrario, las penas de cada día aceptadas con humildad y ofrecidas con amor, nos ensanchan el corazón y nos hacen capaces de disfrutar ya desde ahora de la felicidad que Dios nos tiene preparada y que nunca acaba.

Y en segundo lugar, una vida disoluta nos hace desentendernos de los demás. Sólo piensa en sí mismo, no le conmueven las necesidades de los demás, se hace insolidario. Si el rico Epulón hubiera abierto los ojos a los pobres de su entorno, hubiera detenido su mala marcha mucho antes. El contacto con los pobres nos abre a la verdad de nosotros mismos, los pobres nos evangelizan al recordarnos que nosotros también somos necesitados y al ponernos delante de los ojos personas y situaciones que nos conmueven y nos sacan de nuestros esquemas. Compartir las penas de los demás nos hace más humanos, más solidarios, nos hace bien al sacarnos de nuestro egoísmo.

Pobres y ricos. No están en el mundo para contraponerlos, ni para enfrentarlos, ni para enzarzar a unos contra otros en lucha dialéctica tan frecuente en nuestro tiempo. El mundo no se arregla por la vía del enfrentamiento, del odio o de la lucha de clases. Lo único que renovará el mundo es el amor. Acercarse a los pobres es un imperativo del amor cristiano.

Jesucristo, siendo rico, se ha hecho pobre para enriquecernos con su pobreza (cf 2Co 8,9), y lo ha hecho por amor. Ese camino nuevo, que Jesús ha inaugurado, nos invita a recorrerlo con él, el camino del amor, que se acerca a los pobres en actitud de humildad y despojamiento para servirlos. Cuánto bien nos hacen los pobres, si no los miramos como rivales o desde arriba, sino abajándonos como ha hecho nuestro Señor. El acercamiento a los pobres nos abre el horizonte de la vida eterna, la cerrazón a los pobres nos lleva a la perdición.

Monseñor Demetrio Fernández

 

 

EL PADRENUESTRO EN ARAMEO, LA LENGUA DE CRISTO

Iglesia del Pater Noster (Jerusalén)

Abwoon d`bwashmaya, nethqadash shmakh. Teytey malkuthakh.
Nehwey tzevyanach, aykanna d`bwashmaya aph b`arha. Hawvlan
Lachma d`sunqanan yaomana. Washboqlan khaubayn aykaona daph
Khnan shbwoqan l`khayyabayn. Wela tahlan l`nesyuna: ela patzan min
Bisha, Amén

 

¿LA CIENCIA ALEJA DE DIOS? (pinchar video)

 

SOLIDARIDAD Y MEDIOS

ONG segoviana de Solidaridad Integral, fundamentada en el respeto a las personas a su dignidad y alos Derechos Humanos a través de los Medios de Comunicación Social. Visita su WEB: www.solidaridadymedios.org

 

 

PON "DE MODA" EL CRUCIFIJO


      
¡LLEVEMOS UNA CRUZ A TODAS PARTES!. 

¡SEAMOS VALIENTES!

 

 

                             

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CATORCENA 20119

Memoria fotográfica

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El PAPA VIAJARÁ A JAPÓN Y TAILANDIA

El Papa Francisco viajará a Japón y Tailandia del 19 al 26 de noviembre, según anunció el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, este viernes 13 de septiembre.

El anuncio del viaje responde a la invitación realizada por los gobiernos de Tailandia y de Japón, así como de los episcopados de ambos países asiáticos.

El Santo Padre estará del 20 al 23 de noviembre en Tailandia y del 23 al 26 en Japón, donde visitará las ciudades de Tokio, Nagasaki e Hirosima, estas dos últimas arrasadas durante la Segunda Guerra Mundial por el lanzamiento de las bombas nucleares.

El Papa Francisco ya había anunciado su intención de viajar a Japón en la conversación que mantuvo con los periodistas que le acompañaban en el viaje de regreso de la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá el pasado 23 de enero.

Sin embargo, en aquella ocasión no había detallado las fechas, concretas, aunque sí que se estaba pensando en el mes de noviembre.

Además, el Vaticano también presentó los logotipos y lemas de ambos viajes. El logo de la visita pastoral del Pontífice a Japón consiste en una llama roja que representa a los mártires que fundaron la Iglesia en Japón. Junto a la llama roja se entrelazan otra azul y una tercera llama verde.

La llama azul represente a la Virgen María abrazando a toda la humanidad como a sus hijos, mientras que la verde es un símbolo de la abundante naturaleza que expresa la misión de proclamar el Evangelio de la esperanza. El círculo rojo es una imagen del sol, emblema nacional de Japón, que envuelve toda la vida. El lema de la visita del Papa a Japón es “Proteged toda la vida”.

El logo del viaje del Papa a Tailandia está compuesto de una serie de imágenes simbólicas acompañadas por la fotografía del Santo Padre.

Por un lado, un barco cuyo mástil en forma de cruz tiene tres velas desplegadas. Simboliza la Trinidad que guía las misiones. El barco figura sostenido por la mano protectora de la Virgen María, que surge del interior del Evangelio, como patrona de la Iglesia.

 

SANTOS AMIGOS DE LOS ANIMALES

Uno de los santos concidos por su amor a la creación y cercanía con los animales fue San Francisco de Asís, cuya fiesta se celebra este 4 de octubre.

Al igual que el santo franciscano hay varios santos a lo largo de la Iglesia que amaron a los animales.

San Francisco de Asís

En la ciudad de Gubbio había un lobo que atemorizaba a la población, ya que devoraba animales y personas. San Francisco quiso ayudar y fue hasta el lugar donde yacía la bestia.

Cuando el animal se le acercó, el santo le hizo la señal de la Cruz en el hocico y le dijo: “¡Ven aquí, hermano lobo! Yo te mando de parte de Cristo, que no hagas daño ni a mí ni a nadie”.

Entonces el lobo se acercó mansamente y el santo le pidió que no vuelva a hacer daño a ningún hombre o animal y le prometió que a cambio los habitantes le darían alimento.

San Francisco le tendió una mano y el animal puso en ella una de sus patas delanteras a modo de “acuerdo”. Desde entonces el lobo recorría la ciudad sin hacer daño a nadie. Inclusive su muerte fue lamentada por el pueblo.

San Francisco también solía predicar a las aves que se reunían a su alrededor. Llegó a componer un cántico para agradecer y alabar a Dios por toda la creación.

 

San Pío de Pietrelcina

El P. Jean Marie Benjamin es un sacerdote francés que asistió a una Misa celebrada por el Padre Pío en Pietrelcina.

Según relató a ACI Stampa, agencia en italiano del Grupo ACI, en el momento que el santo pronunciaba las palabras para consagrar la hostia, los pájaros dejaban de cantar.

 

San José de Cupertino

Uno de los diversos dones sobrenaturalesde San José de Cupertino , además de la levitación, fue el don de comunicarse con los animales.

Las ovejas lo escuchaban con atención cuando rezaba y las golondrinas lo seguían mientras caminaba.

Una de las historias del libro “Misterios, Maravillas y Milagros en las vidas de los Santos” de la autora estadounidense Joan Carroll Cruz, narra la historia de un pájaro que solía acompañar con sus cantos a las religiosas de Santa Clara en Cupertino.

Un día dos novicias comenzaron a pelear y el ave se puso en medio. Una de ellas lo atacó y el pájarito se fue. Entonces las religiosas le pidieron al santo que lo llamara y el ave volvió.

Otro día el pájaro ingresó al área del coro y dejó que las religiosas lo acariciaran. Una de ellas le ató una campanita en la pata. Al ver que no regresaba, las monjas volvieron a recurrir a San José de Cupertino y él dijo que la había enviado para que cantara con ellas y no para que toque una campana.

El Santo le pidió al pajarito que regresara y este se quedó con las monjas.

 

Don Bosco

En 1883, mientras caminaba por la ciudad italiana de Turín, San Juan Bosco notó que un perro grande lo seguía. Se le acercó para acariciarlo y debido a su color gris, lo llamó “Grigio”.

El animal lo seguía cuando caminaba solo en las noches. En una ocasión, un hombre le disparó Don Bosco y Grigio apareció inmediatamente para defenderlo.

Otro día, el perro atacó a un bandido que había atacado al sacerdote por la espalda y colocado una bolsa sobre la cabeza.

En otra ocasión un desconocido quiso herir a San Juan Bosco con una estaca, pero él se defendió. Mientras el delincuente llamaba a gritos a sus cómplices, apareció Grigio y comenzó a ladrar. Entonces el hombre le pidió al santo que tranquilizara al perro.

Don Bosco lo hizo con la condición de que ni él ni sus compañeros volvieran a atacarlo.

San Antonio María Claret

San Antonio María Claret, fundador de la orden de los Misioneros Claretianos, narró en su autobiografía que cuando viajaba, al oír el canto de las aves se les acercaba y “les hablaba del cántico eterno y nuevo del cielo”.

Por su parte, la autora Joan Carroll Cruz también cuenta en su libro que durante el funeral del santo, apareció un pájaro y comenzó a cantar las melodías de los salmos que entonaban los asistentes.

 

San Francisco Javier

En una de las paredes de la basílica dedicada a San Francisco Javier en Navarra, España, está plasmado un suceso curioso que vivió el santo durante uno de sus viajes.

Un día mientras navegaba rumbo a las islas Molucas, en Indonesia, se desató una tormenta y lanzó su crucifijo al mar para calmar las aguas.

Cuando llegó a la playa, se sorprendió al ver a un cangrejo que sostenía entre sus pinzas el crucifijo.

 

 LA JMJ DE 2022 SERÁ EN LISBOA

El Patriarca de Lisboa, el cardenal Manuel Clemente, afirmó que la Virgen de Fátima tendrá “un papel fuertísimo” en la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se realizará en Lisboa en el año 2022
"Este movimiento juvenil católico que vemos en Portugal, la devoción mariana, la devoción a Nuestra Señora de Fátima es muy fuerte”, detalló el cardenal de la capital portuguesa.
“De todas las revelaciones y manifestaciones de Nuestra Señora en la historia, la de Fátima está más ligada a los Papas, al ministerio del Papa y a todo aquello que se refiere a él. Todo esto confluye y va a ser muy bueno”, añadió.
Sobre lo que Portugal puede ofrecer en la JMJ de 2022, el Cardenal Clemente indicó que eso es “su propia juventud, porque si este evento va a darse en Lisboa, se debe también a la fuerza, a la voluntad, al deseo de la juventud católica portuguesa que está con un dinamismo misionero muy fuerte”.

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Confesiones
Todos los días media hora antes de cada misa y siempre que se solicite a los sacerdotes.
Otros actos litúrgicos

Adoración Santísimo Jueves 19:00

Rezo Santo Rosario Todos los días 19:30

 

 

Avda. del Acueducto 26. 40002 Segovia. Teléfono 921 463801